El debate sobre la posible inclusión de Alexei Ramírez en el equipo Cuba para el Clásico Mundial de Béisbol vuelve a encender pasiones y divide a la afición. No es una discusión menor: se trata de un jugador que cumplirá 44 años, con varios años alejado del sistema del béisbol profesional, pero cuyo nombre sigue teniendo peso histórico dentro y fuera de la isla. La pregunta no es sentimental, es deportiva: ¿realmente cabe Alexei Ramírez en el equipo Cuba actual?
Alexei fue, sin discusión, uno de los campocortos cubanos más completos que han pasado por Grandes Ligas. Defensor sólido, bateador oportuno y jugador inteligente, con una carrera respetable en MLB y un liderazgo silencioso que siempre fue valorado. Sin embargo, el Clásico Mundial 2026 no es un homenaje ni una despedida simbólica, es una competencia de alto nivel donde cada puesto del roster debe responder a una necesidad real dentro del terreno.
La edad es el primer factor que salta a la vista. A los 44 años, incluso los jugadores más talentosos enfrentan limitaciones físicas inevitables. El ritmo del torneo, la velocidad del juego y la exigencia defensiva en el cuadro interior no perdonan. Además, Ramírez lleva años fuera del béisbol profesional activo, lo que significa falta de competencia reciente ante lanzadores de alto nivel, algo difícil de compensar solo con experiencia.
También está el contexto del equipo Cuba. En las últimas ediciones del Clásico, una de las principales críticas ha sido la falta de cohesión, movilidad defensiva y profundidad atlética. Apostar por un jugador veterano, sin ritmo competitivo comprobado, podría ir en contra de la idea de renovar y construir una base sólida pensando no solo en un torneo, sino en el futuro inmediato de la selección.
Eso no significa que Alexei Ramírez no tenga nada que aportar. Su conocimiento del juego, su lectura de situaciones y su liderazgo podrían ser valiosos en otro rol, incluso dentro del cuerpo técnico o como asesor de los jugadores jóvenes. Pero el Clásico no suele ser el escenario ideal para experimentos emocionales ni decisiones basadas en el pasado.
El béisbol moderno exige versatilidad, velocidad y continuidad competitiva. La nostalgia no gana partidos, y el respeto a la trayectoria no siempre se traduce en rendimiento actual. La decisión, si llega a plantearse, debe ser fría y objetiva, pensando en ganar ahora y construir mañana.
Y aquí surge la pregunta que divide a los fanáticos y enciende los comentarios: ¿debe el equipo Cuba llevar a Alexei Ramírez por lo que representa históricamente, aunque no esté en ritmo profesional, o sería un error que frene el relevo generacional que tanto necesita la selección?