La confirmación de que Yordan Álvarez asumirá casi por completo el rol de bateador designado en 2026 ha provocado un efecto dominó que los Astros no pueden ignorar. La decisión, lógica desde el punto de vista médico y competitivo —Álvarez es demasiado valioso como para arriesgarlo en los jardines después de perderse 114 juegos en 2025—, también les deja un rompecabezas difícil de resolver: no hay espacio real para sostener simultáneamente a Isaac Paredes y Christian Walker en el roster sin sacrificar turnos, defensa o dinero.
Lo que inicialmente parecía una simple reorganización interna terminó convirtiéndose en una clara señal de que Houston tendrá que desprenderse de uno de sus bateadores de cuadro. El candidato más atractivo para el mercado es Paredes, no solo por su producción ofensiva constante, sino por su edad, control contractual y versatilidad. Su nombre ya encendió el interés de los Boston Red Sox, quienes estarían dispuestos a ofertar lanzadores abridores jóvenes, justo el tipo de piezas que los Astros necesitan ante la ausencia prolongada de Framber Valdez.
Walker, en cambio, representa un reto mayor. Su salario, cláusula parcial de no cambio y su desempeño irregular en 2025 reducen el entusiasmo de posibles compradores. Aun así, su poder sigue siendo un recurso valioso, lo suficiente como para mantener una ventana de posibilidades abierta. Pero si los Astros deben elegir, el mercado dicta que Paredes es quien mayor retorno puede generar.
La complicación se agrava porque el movimiento de Álvarez al rol de bateador designado también elimina la posibilidad de rotar ese puesto entre los titulares, algo que el equipo había insinuado para darle descanso a José Altuve o para alternar a Paredes y Walker sin afectar demasiado la defensa. Sin esa flexibilidad, Espada deberá comprometerse a Altuve como segunda base a tiempo completo, justo cuando el veterano iniciará su temporada a los 36 años.
Estructuralmente, Houston se encuentra en una posición en la que acumular talento ya no es suficiente; debe ordenar sus piezas para que encajen. Con Correa y Peña asentados en el lado izquierdo del cuadro y Altuve reclamando la segunda base, solo queda la inicial como área de maniobra, demasiado estrecha para dos jugadores cuyo valor depende del tiempo en el terreno.
La ofensiva de los Astros sigue siendo poderosa, pero su equilibrio depende de una decisión inminente. Durante las próximas semanas, la gerencia tendrá que elegir entre conservar bateo o adquirir pitcheo… porque ya no tienen espacio para ambas cosas.