La presencia reciente de Víctor Mesa en el estadio Latinoamericano encendió de inmediato las redes sociales y generó especulaciones entre los seguidores del béisbol cubano. Las imágenes del exjugador y mítico director observando un juego desde los palcos exclusivos del Coloso del Cerro, junto a figuras como Germán Mesa y Pedro Luis Lazo, alimentaron rumores sobre un posible regreso suyo al cuerpo técnico del equipo Cuba. Sin embargo, la realidad dista mucho de esa ilusión que muchos fanáticos quisieran ver hecha realidad.
Mesa ha sido categórico durante años: no volverá a dirigir en Cuba. Esa decisión, firme e irreversible según sus propias palabras, proviene de una profunda decepción por la manera en que fue tratado tras dedicar buena parte de su vida al béisbol nacional. En una entrevista ofrecida en 2018, llegó a afirmar que, pese a su entrega total al desarrollo del deporte, le “cortaron las alas”, y desde entonces considera ese capítulo completamente cerrado. Para él, una vez que toma una decisión, no hay vuelta atrás. Esa determinación lo llevó a enfocarse en su familia y en su crecimiento personal tras su salida definitiva del ámbito directivo en la isla.
Su regreso ocasional a Cuba desde que se estableció en Estados Unidos en 2018 —año en que se trasladó con sus hijos para abrirles camino en el béisbol profesional— ha sido siempre en calidad de visitante respetado, no como candidato a dirigir. Sus hijos, especialmente Víctor Mesa Jr., han seguido creciendo dentro del sistema estadounidense, incluso llegando al primer equipo de los Miami Marlins en 2025, un logro que habla tanto de su talento como del sacrificio familiar realizado.
A pesar de las decepciones acumuladas, Víctor Mesa sigue siendo recibido con cortesía y reconocimiento en los terrenos cubanos. Su figura genera respeto entre los aficionados y dentro del propio sistema beisbolero. No obstante, su trato contrasta con el destino de muchos otros jugadores, entrenadores y talentos que, al optar por emigrar para buscar un futuro más estable, no reciben el mismo nivel de reconocimiento o consideración. Ese doble rasero es parte de los problemas estructurales que han afectado la moral y la imagen del béisbol en la isla.
La presencia de Mesa en los estadios despierta nostalgia, admiración y debate, pero su postura es clara: su tiempo como director en Cuba pertenece al pasado. Su capítulo en los banquillos del béisbol cubano está cerrado para siempre, aunque su legado y su influencia sigan muy vivos entre quienes lo vieron brillar.