Una nueva página oscura se ha escrito en la historia reciente del deporte cubano, esta vez con el equipo masculino de voleibol como protagonista. A pocas horas del inicio de la segunda semana de la Liga de Naciones (VNL), un grave error burocrático ha dejado al combinado antillano en franca desventaja: solo seis jugadores han logrado arribar a Belgrado, Serbia, sede de esta etapa del torneo. Mientras tanto, ocho de sus compañeros quedaron varados, atrapados en un limbo administrativo por problemas con el visado. El suceso, reportado por el periodista Raúl Rodríguez, refleja una falta de planificación inaceptable a nivel federativo.
Entre los atletas que no pudieron viajar se encuentran pilares fundamentales del equipo como Marlon Yant, Miguel Ángel López y Javier Concepción. Todos ellos fueron figuras determinantes en la primera semana del torneo y su ausencia representa un golpe devastador a las aspiraciones del equipo cubano. Marlon Yant, por ejemplo, fue la gran figura de la fecha inaugural con 87 puntos acumulados (72 en ataque, nueve en bloqueo y seis en servicio), ubicándose entre los líderes ofensivos de todo el evento. Su exclusión no solo merma la calidad del conjunto, sino que también anula cualquier posibilidad de tener un sustituto de similar calibre.
Cuba debía enfrentarse en esta segunda semana a rivales de peso como Alemania (25 de junio), Serbia (26), Países Bajos (27) y Argentina (29). Sin embargo, la escasa cantidad de efectivos disponibles hace que el simple hecho de competir ya sea una hazaña. Los seis jugadores que lograron llegar a tiempo enfrentarán un reto físico y mental enorme, sin margen para el relevo ni para la rotación estratégica habitual en un torneo de tal envergadura.
Este percance llega en un momento en que se esperaba una reacción del conjunto tras una floja primera semana en la que solo consiguieron una victoria (frente a Brasil) y tres derrotas (ante Eslovenia, Ucrania y Estados Unidos). Esa efímera alegría contra la selección brasileña fue vista como una posible chispa para encender una mejor etapa competitiva, pero ahora el panorama ha cambiado radicalmente.
Más allá del aspecto competitivo, lo sucedido revela una vez más la fragilidad estructural del sistema deportivo cubano, que en múltiples ocasiones ha sido víctima de la improvisación, la negligencia administrativa y la falta de previsión. No es la primera vez que errores logísticos afectan seriamente la presentación de equipos cubanos en eventos internacionales, y mientras no se tomen medidas correctivas profundas, es probable que continúen ocurriendo situaciones similares.
La VNL debía ser una vitrina para mostrar el verdadero potencial del voleibol cubano, pero se ha transformado en un escenario de angustia y frustración. Lo que debía ser una semana para reivindicarse, amenaza con convertirse en una sucesión de derrotas inapelables y desgaste extremo para los pocos jugadores presentes. El deporte cubano, otra vez, paga caro por errores que no se cometen en la cancha, sino desde los escritorios.