Un nuevo episodio bochornoso sacudió al béisbol cubano el pasado sábado 21 de junio, cuando se desató una violenta trifulca entre los equipos sub-23 de Sancti Spíritus y Ciego de Ávila. El enfrentamiento ocurrió en el estadio José Antonio Huelga, y rápidamente las imágenes comenzaron a circular en redes sociales, provocando un aluvión de críticas tanto al sistema deportivo como al clima social imperante en la Isla.
El incidente, que pasó de las palabras a los golpes, incluyó una lamentable escena de violencia que recordó a pasados sucesos que empañaron el pasatiempo nacional. Uno de los más mencionados fue el protagonizado por Lisbán Correa, quien fue sancionado luego de una bronca similar en la que corrió con un bate en mano, evocando una «carga al machete» digna de los mambises. Esta nueva pelea dejó ver escenas aún más crudas: jugadores blandiendo bates, lanzando golpes a diestra y siniestra, y una completa ausencia de control en el terreno de juego.
El periodista Miguel Ángel Cruz publicó en su perfil de Facebook un video donde se aprecia parte del altercado. Aunque la calidad de la grabación no es óptima, permite distinguir la magnitud de la bronca y la escasa presencia policial para contener la situación. En el clip, se observan varios peloteros enfrentados con bates en mano, otros usando los puños, mientras una pequeña minoría intentaba separar y apaciguar a sus compañeros. Desde las gradas, algunos aficionados gritaban “¡Suéltalo!” o “¡Dejen eso!”, sin que estas súplicas lograran calmar el caos.
El resultado fue una batalla campal donde no se podía identificar con claridad quién golpeaba a quién, y detener la trifulca se volvió una tarea casi imposible. Esta escena ha generado preocupación y vergüenza en muchos sectores vinculados al deporte cubano, especialmente porque involucra a categorías juveniles, donde se supone debe priorizarse la formación de valores.
El periodista Boris Luis Cabrera también se pronunció en sus redes sociales, criticando abiertamente lo sucedido y condenando la falta de disciplina y control en el terreno. A su publicación reaccionó el lanzador Yuniesky García, quien aportó un matiz interesante al debate al expresar que este tipo de incidentes, aunque lamentables, no son exclusivos del béisbol cubano. García señaló que, en el béisbol profesional internacional, es común que los equipos salgan completos al terreno ante cualquier confrontación verbal o física, siempre y cuando no haya agresión con objetos como bates o pelotas.
«En el béisbol eso es normal, siempre y cuando no haya agresión con bates o algún objeto. Todo lo contrario, en el béisbol profesional es obligado salir el equipo entero cuando hay algún intercambio, así sea de palabras», escribió García, quien ha acumulado experiencia en circuitos fuera de Cuba.
A pesar de este matiz, la diferencia sustancial está en el contexto: mientras en ligas internacionales existen regulaciones estrictas, presencia policial adecuada y consecuencias claras, en Cuba este tipo de situaciones terminan reflejando las deficiencias del sistema formativo, la falta de autoridad en el terreno y un entorno social cada vez más tenso.
Lo cierto es que este nuevo incidente ha dejado una mancha más en el béisbol cubano, que lucha por recuperar su prestigio y tradición ante episodios de violencia que parecen más comunes de lo deseado.