La polémica volvió a sacudir al béisbol cubano en un momento especialmente sensible, cuando la expectativa por conocer la convocatoria al VI Clásico Mundial mantiene a la afición en vilo. En medio de ese clima de ansiedad colectiva, una supuesta prenómina del equipo Cuba comenzó a circular con fuerza en plataformas digitales y redes sociales, generando debates, celebraciones anticipadas y también fuertes cuestionamientos. Sin embargo, el entusiasmo duró poco. El 9 de enero, el Comisionado Nacional de béisbol, Juan Reynaldo Pérez Pardo, salió al paso para desmentir categóricamente la veracidad de ese listado.
Según explicó el máximo dirigente del béisbol en la isla, los nombres que se viralizaron no corresponden a la selección real que maneja la entidad de cara al torneo que se disputará en marzo. La aclaración cayó como un balde de agua fría para muchos seguidores, que ya analizaban alineaciones, rotaciones de pitcheo y posibles sorpresas dentro de un grupo de 35 jugadores que, supuestamente, defenderían los colores nacionales. La reacción oficial dejó claro que la información difundida no fue autorizada ni confirmada por los canales correspondientes.
El listado en cuestión había sido publicado inicialmente por un medio digital y rápidamente se replicó en redes sociales, alimentando la percepción de que se trataba de una filtración adelantada. Durante varias horas, la prenómina fue asumida como un hecho casi consumado, hasta que las declaraciones del comisionado rompieron con esa narrativa. Pérez Pardo fue tajante al asegurar que la información no era verdadera, desmarcándose por completo del contenido divulgado y dejando en evidencia una vez más el delicado manejo comunicacional que rodea al béisbol cubano.
Este episodio no es un caso aislado. El secretismo ha sido una constante en los procesos de selección del equipo nacional, aunque en los últimos años las filtraciones han encontrado en las redes sociales un terreno fértil. Situaciones similares han ocurrido con nombramientos de directores técnicos, integrantes del cuerpo de dirección y figuras clave dentro del plantel, que se conocieron de manera extraoficial antes de cualquier anuncio formal. El silencio institucional, lejos de frenar estas dinámicas, suele alimentar aún más la especulación.
Mientras tanto, el equipo Cuba sigue siendo el centro de atención dentro y fuera del país. Cada rumor, cada nombre y cada posible ausencia se amplifican en un contexto cargado de expectativas deportivas y tensiones internas. La desmentida oficial no hizo más que aumentar la incertidumbre y profundizar el debate entre los aficionados. ¿Es realmente un problema de filtraciones irresponsables o la falta de transparencia oficial termina empujando a la gente a creer en cualquier lista que aparezca en redes?