Una noticia de enorme impacto sacudió al béisbol cubano el 12 de noviembre, marcando un giro drástico en el desarrollo de la 64 Serie Nacional. La situación generada tras el paso del huracán Melisa obligó a replantear por completo el calendario competitivo, afectando directamente a las provincias orientales y, en particular, a dos equipos que ahora deberán enfrentar un desgaste sin precedentes. La devastación en la zona este del país provocó serias limitaciones de alojamiento, pues los recursos y facilidades disponibles han sido destinados a los brigadistas y especialistas que trabajan sin descanso en la recuperación de esos territorios. Ante este escenario, la Comisión Nacional de Béisbol tomó la decisión de alterar la planificación inicial y trasladar las sedes de las próximas subseries que Santiago de Cuba y Granma debían disputar en condición de locales.
La medida fue confirmada por autoridades del organismo, quienes explicaron que la falta de condiciones mínimas hace imposible que ambos conjuntos reciban a sus rivales en casa. Por tal motivo, la subserie número 10 contra Ciego de Ávila y Holguín se jugará en los estadios de estos últimos. Pero las afectaciones no terminan ahí. El reajuste impacta también la subserie número 13, en la que Santiago de Cuba deberá medirse ante Industriales en La Habana, mientras que Granma será visitante ante Pinar del Río, una modificación que incrementa aún más la carga logística de ambos clubes.
Aunque la Comisión aseguró que mantiene comunicación constante con los consejos de defensa de las zonas dañadas y que el calendario original será retomado apenas existan condiciones, el cuadro más complejo lo vive Santiago de Cuba. Los indómitos, que ya habían disputado cuatro subseries consecutivas como visitantes —ante Ciego de Ávila, Granma, Sancti Spíritus y Artemisa—, aguardaban con urgencia su regreso al estadio Guillermón Moncada para intentar frenar el ritmo irregular que arrastran. Ese esperado reencuentro tendrá que posponerse indefinidamente, ya que los nuevos ajustes los obligan a encarar seis subseries seguidas lejos de casa.
Este desgaste extraordinario no solo representa un reto físico para el equipo, sino también un golpe emocional para una escuadra que necesita estabilidad, apoyo local y condiciones normales de competencia. El prolongado periplo amenaza con profundizar sus dificultades y añade un desafío adicional a una temporada ya de por sí complicada para el béisbol oriental.