Julio César La Cruz continúa demostrando por qué es uno de los referentes más sólidos del boxeo cubano al mantener su invicto y asegurar su pase a las semifinales del Campeonato Mundial en Liverpool. El camagüeyano se impuso al inglés Damar Thomas con un veredicto de 4-1, sumando así su tercera victoria consecutiva en la competencia y asegurando de manera matemática al menos la medalla de bronce en la categoría de más de 90 kilogramos. Con su triunfo, La Cruz reafirma su condición de líder del equipo cubano y su capacidad para imponerse en combates de alto nivel, incluso cuando el estilo no es especialmente vistoso, pero sí altamente efectivo.
El recorrido de La Cruz en el torneo incluyó victorias previas sobre Mahammah Abdullayev de Azerbaiyán y Amir Esmaeli de Irán, ambas conseguidas mediante decisiones unánimes. En estos combates, el bicampeón olímpico mostró nuevamente su estilo característico: un boxeo de contragolpe, con movimientos constantes que le permiten minimizar el daño recibido y aprovechar las oportunidades para conectar golpes precisos y potentes. Su enfoque táctico ha sido decisivo para neutralizar a rivales con pegada destacada, demostrando una inteligencia pugilística que pocos poseen en la élite mundial.
El enfrentamiento ante Damar Thomas no fue la excepción. El británico mostró recursos que en momentos complicaron al agramontino, pero La Cruz supo mantener la calma y controlar el combate a lo largo de los tres rounds. Su habilidad para esquivar y mantenerse en movimiento, combinada con una defensa efectiva y ataques certeros, le permitió consolidar la ventaja ante los jueces, reflejando su dominio técnico y estratégico sobre el ring. A pesar de un estilo que puede parecer menos espectacular que el de otros boxeadores, la efectividad del cubano es indiscutible, y cada victoria refuerza su reputación como uno de los más consistentes de su generación.
La participación de La Cruz en esta edición del Mundial marca también un nuevo capítulo en su carrera, ya que compite por primera vez en la máxima categoría de peso. Enfrentarse a rivales de gran envergadura y potencia de pegada representa un desafío distinto al que había encontrado en su trayectoria, donde ha conquistado cinco coronas mundiales y dos medallas olímpicas. Sin embargo, su capacidad para adaptarse a nuevos escenarios y su manejo del tiempo y la distancia dentro del ring le han permitido mantener su invicto y avanzar con paso firme hacia la discusión de la medalla de oro.
El desempeño de Julio César La Cruz en Liverpool también se complementa con el éxito de su compatriota Erislandy Álvarez, quien venció al iraní Ali Habibinezhad en la misma jornada. Ambos pugilistas cubanos están ahora a un paso de disputar la final y mantener el prestigio de Cuba en el boxeo mundial. Con su estilo estratégico, su movilidad y su capacidad para conectar golpes decisivos, La Cruz sigue siendo un referente indiscutible, demostrando que la experiencia y la inteligencia dentro del cuadrilátero son igual de importantes que la fuerza bruta. Su paso por el Mundial reafirma su legado y consolida a Cuba como potencia en el boxeo internacional.