POR ESTA RAZON CHICAGO WHITE SOX MALTRATÓ Y BOTÓ AL CUBANO JOSE ABREU EN SU MEJOR MOMENTO

La salida de José Abreu de los Chicago White Sox no fue el resultado de una sola decisión aislada, sino la consecuencia de varios factores deportivos, financieros y estratégicos que se alinearon en un momento clave para la organización. Aunque Abreu fue durante casi una década el rostro de la franquicia, líder del clubhouse y uno de los bateadores más productivos de la Liga Americana, el equipo optó por no retenerlo cuando llegó la agencia libre tras la temporada 2022.

Uno de los puntos centrales fue la edad. Abreu tenía 35 años cuando terminó su contrato, una etapa en la que muchas organizaciones comienzan a proyectar declives físicos, especialmente en jugadores de primera base cuyo valor depende casi exclusivamente del bate. Aunque Abreu seguía siendo productivo, la gerencia entendía que su mejor etapa ya había quedado atrás y que comprometer varios años adicionales representaba un riesgo.

También influyó el rumbo deportivo de los White Sox. La organización venía de temporadas decepcionantes, marcadas por lesiones, falta de cohesión y expectativas incumplidas. En ese contexto, la directiva empezó a evaluar una reestructuración silenciosa, priorizando flexibilidad salarial y dando espacio a jugadores más jóvenes. Mantener a Abreu implicaba bloquear esa transición, tanto en la primera base como en la nómina.

El aspecto económico fue determinante. Abreu buscaba un contrato multianual que reflejara su estatus y legado, mientras que Chicago estaba dispuesto, como mucho, a ofrecer un acuerdo corto o de menor valor anual. La diferencia entre lo que el jugador esperaba y lo que el club quería pagar nunca se cerró. Para una franquicia históricamente conservadora en gasto, igualar ofertas más agresivas no encajaba con su filosofía.

Otro elemento fue el desgaste interno. Abreu era un competidor feroz, obsesionado con ganar, y en varios momentos dejó entrever su frustración con la falta de dirección clara del equipo. Aunque siempre fue profesional, existía la percepción de que ambas partes necesitaban un cambio de aire. Para el jugador, un entorno más competitivo; para el club, un nuevo liderazgo dentro del roster.

Finalmente, los White Sox apostaron por que el valor simbólico de Abreu no superaba el costo de mantenerlo. Fue una decisión fría, más racional que emocional, que ignoró el impacto sentimental que tenía en la afición. Con el tiempo, esa determinación ha sido muy cuestionada, especialmente viendo el vacío de liderazgo que dejó su partida.

En resumen, Chicago no retuvo a José Abreu porque priorizó edad, flexibilidad financiera y una reconfiguración interna por encima de la lealtad y el legado. Fue una decisión estratégica, pero no necesariamente popular, que marcó el fin de una era y dejó abierta la discusión sobre si el club sacrificó demasiado al dejar ir a su referente más importante de los últimos años.