El deporte cubano se vio sacudido por un escándalo el pasado 9 de agosto cuando el equipo de fútbol sala de la provincia de Pinar del Río fue víctima de un hurto dentro de las instalaciones del motel deportivo del INDER en La Habana, conocido como Mulgoba. Este suceso no solo sorprendió a la afición, sino que también dejó en evidencia una preocupante falta de seguridad y control en un lugar destinado al descanso y la tranquilidad de los deportistas que participan en eventos nacionales. Seis jugadores de la delegación pinareña fueron los principales afectados, pues sus teléfonos móviles desaparecieron sin dejar rastro, generando indignación y preocupación dentro del entorno deportivo.
El hecho fue denunciado públicamente por Lorenzo Martínez, un usuario con experiencia en el balompié cubano, quien compartió en Facebook los detalles de lo ocurrido. Según relató, el robo ocurrió en la madrugada del sábado cuando un individuo, presuntamente empleado del propio centro, sustrajo con fuerza seis celulares desde la habitación donde alojaban a los jugadores. Esta acción delictiva no solo representa una violación a la propiedad de los atletas, sino que pone en entredicho la capacidad de las autoridades para proteger a quienes representan a la élite deportiva del país en competiciones oficiales.
Tras descubrir el hurto, los integrantes del equipo de Pinar del Río fueron trasladados a la unidad policial más cercana para iniciar el proceso de investigación, pero hasta el momento no se han dado detalles sobre avances o resultados concretos. La falta de comunicación oficial y el silencio de las autoridades deportivas tanto a nivel provincial como de la Federación Cubana de Fútbol (AFC) han generado una ola de críticas y cuestionamientos en las redes sociales y en el ámbito deportivo. Muchos lamentan la ausencia de respuestas claras y la inacción visible ante un problema que afecta la integridad y seguridad de los atletas.
Lorenzo Martínez fue contundente al señalar la gravedad del hecho y la responsabilidad que debe asumir la dirección del deporte en Cuba. En su posteo, destacó que este tipo de situaciones no puede repetirse en eventos de primera categoría y que quienes gestionan el deporte deben garantizar condiciones dignas para los deportistas. Resaltó que, si esto ocurre en un torneo nacional y dentro de una instalación oficial, la confianza en las instituciones encargadas de la seguridad deportiva se ve seriamente comprometida. La exigencia es clara: alguien debe responder y explicar cómo es posible que un acto delictivo de esta magnitud ocurra en un ambiente supuestamente controlado y vigilado.
Este incidente recuerda a otro suceso similar en la 64 Serie Nacional de béisbol, cuando el equipo Industriales sufrió la pérdida de pertenencias en Santiago de Cuba por culpa de algunos aficionados deshonestos. Sin embargo, el robo al equipo pinareño de futsal tiene un impacto aún mayor, dado que ocurrió dentro de un centro estatal que debería ser un espacio seguro y adecuado para el descanso de los deportistas durante la competencia.
La repercusión mediática del caso ha puesto en el ojo público una problemática que se mantiene latente en el deporte cubano: la vulnerabilidad de los atletas frente a situaciones de inseguridad, la falta de mecanismos efectivos para proteger sus bienes y la necesidad urgente de mayor profesionalismo y responsabilidad en la administración de los eventos deportivos. El silencio de las autoridades, lejos de calmar la situación, ha contribuido a que el reclamo por justicia y mayor transparencia se fortalezca en redes sociales y entre la comunidad deportiva.
El robo al equipo Pinar del Río es una estocada a la confianza que debe existir entre los deportistas y las instituciones que los representan. A la espera de que se esclarezcan los hechos y se tomen medidas concretas, este episodio sirve como una alerta para que se revisen los protocolos de seguridad y se garantice un ambiente de respeto y protección para quienes entregan su esfuerzo y talento en representación de Cuba.