Napoleón Reyes: El mánager cubano que desafió a Fidel Castro y triunfó en el exilio

En 1960, el béisbol cubano atravesaba uno de los momentos más turbulentos de su historia, marcado no solo por grandes jugadas en el terreno, sino también por una profunda crisis política. La Revolución cubana ya había alterado el rumbo del país y el deporte nacional no quedó al margen. En ese contexto surgió la figura de Napoleón Reyes, un mánager que desafió al régimen de Fidel Castro al tomar la decisión de no regresar a Cuba, lo que le valió ser señalado y castigado por la maquinaria propagandística del castrismo.

A mediados de ese año, la inestabilidad política provocó el traslado de los Havana Sugar Kings, equipo afiliado a Grandes Ligas, hacia Nueva Jersey, lo que supuso un golpe simbólico para Cuba. El béisbol profesional, orgullo nacional, comenzaba a alejarse. El entonces mánager Tony Castaño renunció para volver a la isla y dirigir al Cienfuegos en la Serie Nacional. Fue entonces cuando Napoleón Reyes asumió el reto de liderar al rebautizado Jersey City Jerseys, un gesto que el régimen interpretó como traición.

La prensa oficialista no tardó en atacarlo, calificándolo de “enemigo de su pueblo” y “sirviente del dólar yanqui”. El 17 de julio de 1960, el periódico Hoy publicó una nota intentando borrarlo de la historia deportiva cubana, aplicando la estrategia de manipulación histórica típica del castrismo. Sin embargo, la confrontación entre Reyes y Fidel Castro tenía antecedentes. Según reveló en 2015 el exlanzador Orlando Peña, ambos habían tenido enfrentamientos personales desde sus años universitarios, y Reyes no dudaba en criticar duramente al líder cubano en público.

Nacido en Santa Ana, Oriente, en 1920, Reyes destacó en el béisbol amateur desde joven. En 1937 brilló con el club Fortuna y con los Caribes de la Universidad de La Habana, siendo campeón mundial en 1940. Su talento lo llevó al profesionalismo, participando en la Liga Cubana, la Liga Mexicana y en las Grandes Ligas con los New York Giants entre 1943 y 1945. Como mánager, alcanzó gran prestigio: fue campeón con Marianao en dos ocasiones, bicampeón de la Serie del Caribe en 1957 y 1958, y dirigió a los Sugar Kings en varias temporadas, además de trabajar como scout para los Cincinnati Reds.

Mientras Reyes continuaba su carrera en el exilio, Tony Castaño siguió un camino distinto pero con final similar. Tras volver a Cuba y lograr el bicampeonato con Cienfuegos en 1960-61, fue el primer mánager de los Azucareros en la Serie Nacional, pero poco después escapó a México, donde continuó cosechando éxitos.

Aunque el régimen cubano intentó condenar al olvido a Napoleón Reyes, su trayectoria fue reivindicada en 2015 con su inclusión en el Salón de la Fama del Caribe, reconocimiento a su aporte al béisbol internacional. Reyes y Castaño concluyeron sus vidas en Miami, lejos de su tierra natal, pero fieles a sus principios.

La historia de Napoleón Reyes es la de un hombre que defendió su libertad y su dignidad, demostrando que el deporte también puede ser un acto de resistencia. En un tiempo en que la política intentaba decidir quién merecía ser recordado, él escribió su propia versión de la historia y el béisbol terminó devolviéndole el lugar que le correspondía.