Julio César La Cruz volvió a demostrar por qué es considerado uno de los boxeadores más dominantes de la última década al imponerse de manera categórica en su segunda presentación dentro del Campeonato Mundial de Boxeo. El 8 de septiembre, en la ciudad inglesa de Liverpool, el camagüeyano superó sin dificultades al iraní Amir Esmaeli por decisión unánime, en un combate que tuvo un claro protagonista de principio a fin.
El capitán del equipo Cuba llegaba a este enfrentamiento tras un sólido debut el 5 de septiembre, cuando derrotó al azerí Mahammah Abdullayev en una actuación convincente. Con esa primera victoria aseguró su avance en el organigrama del torneo, pero sabía que para alcanzar la final necesitaba mantener el mismo ritmo y consistencia en sus siguientes combates. En esta ocasión, Esmaeli representaba un reto interesante, pues ostentaba el título continental en la división de más de 92 kilogramos. Sin embargo, frente a un pugilista con la experiencia y el palmarés de La Cruz, sus credenciales no fueron suficientes.
Desde el inicio de la pelea, el cinco veces campeón mundial marcó la pauta con su estilo característico: manejo de la distancia, movimientos defensivos precisos y golpes certeros que desconcertaron al rival. La experiencia del cubano fue evidente en cada asalto, imponiendo su ritmo y anulando cualquier intento de reacción del iraní. Poco a poco, la balanza se inclinó por completo hacia el lado del bicampeón olímpico, que no dejó margen a la duda.
El desarrollo del combate fue tan claro que la votación de los jueces reflejó la diferencia abismal entre ambos boxeadores. Uno de ellos incluso le otorgó un parcial de 30-26, lo que confirma que La Cruz dominó de manera aplastante y sin contratiempos. Aunque su estilo táctico ha sido criticado en ocasiones por algunos especialistas y seguidores, el cubano no lo cambia y sigue apostando por la estrategia que tantas victorias le ha dado a lo largo de su carrera. En esta ocasión, su plan volvió a funcionar a la perfección y lo mantiene con paso firme en el camino hacia un nuevo título mundial.
La victoria del capitán llega en un momento en el que la delegación cubana no atraviesa su mejor presente en esta competencia. La selección ha sufrido varias derrotas en el torneo, lo que ha puesto en evidencia las carencias que hoy enfrenta el boxeo de la isla, un deporte históricamente exitoso pero que en los últimos años se ha visto superado por el creciente nivel de otras naciones y por la inexperiencia de muchos de sus nuevos talentos. En medio de ese panorama, el triunfo de La Cruz representa un respiro, una luz de esperanza para mantener vivo el prestigio del equipo en un escenario tan exigente.
Ahora todas las miradas se dirigen hacia los próximos compromisos de la escuadra cubana. El 9 de septiembre, el campeón olímpico Erislandy Álvarez tendrá una nueva oportunidad de mostrar su calidad y fortalecer su condición de favorito en su división. También se espera con interés el debut del espirituano Alejandro Claro, quien ya sabe lo que es subir al podio mundial gracias al bronce obtenido en la edición de Taskent en 2023.
Con su triunfo en Liverpool, Julio César La Cruz reafirma que sigue siendo el gran referente del boxeo cubano actual. Su presencia en el ring no solo inspira a sus compañeros, sino que también envía un mensaje claro: la experiencia, el talento y la disciplina siguen marcando la diferencia en los momentos decisivos.