LA MLB TOMO DECISION SOBRE ENVIAR ARBITROS A PELOTA CUBANA


La relación entre la Major League Baseball (MLB) y el béisbol cubano ha sido, durante décadas, un terreno marcado por tensiones políticas, diferencias institucionales y la falta de acuerdos formales. Desde que en 2019 el gobierno de Estados Unidos canceló el pacto que permitía a los peloteros cubanos firmar legalmente con equipos de Grandes Ligas, cualquier vínculo oficial quedó en pausa. Eso explica por qué la MLB no envía árbitros, entrenadores ni personal técnico a Cuba, a pesar de los reiterados pedidos de la Federación Cubana de Béisbol (FCB).

La Comisión Nacional de Béisbol en la isla ha solicitado en múltiples ocasiones apoyo en la formación de árbitros, actualización de reglas y colaboración con técnicos de alto nivel. Cada año, en congresos deportivos o reuniones de federaciones regionales, se insiste en la necesidad de un puente con la MLB para mejorar la calidad del arbitraje y la capacitación. Sin embargo, esas solicitudes nunca son atendidas. La razón principal no es deportiva, sino política y diplomática.

La MLB es una liga profesional regida por las leyes de Estados Unidos. Cualquier acuerdo formal con Cuba debe pasar por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), que regula las relaciones económicas con países bajo embargo. En el caso cubano, cualquier movimiento de cooperación se interpreta en clave política. Por ello, enviar árbitros o entrenadores implicaría un reconocimiento oficial a la FCB, que está directamente subordinada al Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER), una institución estatal alineada con el régimen cubano. MLB evita esa relación porque podría acarrear sanciones o cuestionamientos políticos.

Al mismo tiempo, la liga estadounidense mantiene un discurso de neutralidad. Sus dirigentes han preferido no criticar directamente al gobierno cubano, pero tampoco colaborar activamente con él. En la práctica, esto deja a Cuba aislada de las estructuras profesionales más avanzadas del béisbol mundial. Los árbitros cubanos solo reciben capacitaciones de la Confederación Mundial de Béisbol y Softbol (WBSC) o de federaciones de otros países, pero nunca de la MLB.

El impacto es evidente: mientras en Estados Unidos el arbitraje se perfecciona con tecnología de repetición instantánea, análisis digital de lanzamientos y programas de formación de élite, en Cuba se mantiene un modelo desactualizado, con árbitros que muchas veces carecen de recursos básicos. De ahí que cada temporada se repitan errores polémicos en la Serie Nacional, lo que genera críticas de jugadores y aficionados.

Lo paradójico es que, al mismo tiempo que la MLB evita enviar árbitros o técnicos, el béisbol cubano insiste cada año en pedir esa ayuda. Para la Federación Cubana, recibir capacitación directa de árbitros profesionales sería una forma de legitimar su torneo y elevar el nivel competitivo. Sin embargo, la respuesta siempre es el silencio. La política termina imponiéndose al deporte, y los sueños de colaboración quedan en papeles que nunca se firman.

En resumen, la MLB no envía umpires a Cuba porque hacerlo sería un movimiento político con más costos que beneficios. Mientras tanto, la pelota cubana sigue pidiendo esa cooperación año tras año, sin obtenerla, lo que refleja la distancia que existe entre un béisbol que vive bajo un sistema estatal cerrado y otro que funciona como la liga profesional más poderosa del mundo.