¿K.O. ECONÓMICO? CUBA JUEGA SU PARTIDO MÁS DIFÍCIL SI VENEZUELA LE CIERRA EL GRIFO PETROLERO

La posibilidad de que Cuba pierda el petróleo que recibe de Venezuela abre un escenario de enorme fragilidad para una economía que ya se encuentra en uno de sus peores momentos en décadas. Durante años, el suministro venezolano ha sido el principal sostén energético de la isla, permitiéndole cubrir al menos una parte significativa de su demanda interna y mantener en funcionamiento sectores clave. Sin ese flujo, el impacto no sería gradual, sino inmediato y profundo.

La economía cubana depende del petróleo no solo para la generación eléctrica, sino también para el transporte, la industria, la agricultura y los servicios básicos. Una reducción drástica o la interrupción total del suministro venezolano implicaría apagones aún más prolongados, paralización de fábricas, colapso del transporte público y mayores dificultades para garantizar alimentos y bienes esenciales. En un país donde ya se registran jornadas con más de 20 horas sin electricidad en algunas regiones, la pérdida de ese apoyo energético empujaría la crisis a un nivel crítico.

Además, Cuba no cuenta hoy con ingresos suficientes para salir al mercado internacional a comprar crudo. La caída del turismo, la baja productividad interna, la escasez de exportaciones competitivas y el alto endeudamiento limitan cualquier margen de maniobra. Otros aliados como México o Rusia han reducido sus envíos o los mantienen en niveles insuficientes, lo que deja a La Habana con pocas alternativas reales. Sin petróleo, la economía se contraería aún más, la inflación se dispararía y la presión social aumentaría en un contexto ya marcado por la migración masiva y el descontento popular.

Desde el punto de vista político, el golpe sería doble. Por un lado, se debilitaría la capacidad del Gobierno para sostener su modelo económico; por otro, se erosionaría aún más su legitimidad ante una población agotada por la escasez. Analistas coinciden en que una interrupción total del suministro venezolano podría llevar a un colapso económico generalizado, con consecuencias imprevisibles tanto dentro como fuera de la isla, incluida una posible crisis migratoria de gran escala.

Ante este panorama, el Gobierno cubano enfrenta una disyuntiva histórica entre acelerar reformas profundas o aferrarse a un modelo que ha demostrado ser incapaz de generar divisas y bienestar. La pregunta que queda flotando es tan incómoda como inevitable: ¿puede Cuba sobrevivir económicamente sin el petróleo venezolano o el fin de ese subsidio marcaría el punto de no retorno para el actual sistema?