
Uno de los episodios más oscuros y silenciados del béisbol cubano ocurrió en 1996, cuando varios jugadores fueron implicados en un supuesto intento de salida ilegal de la isla, en busca de una oportunidad en las Grandes Ligas. El caso involucró a tres figuras importantes: Germán Mesa, Orlando “Duke” Hernández y Alberto Hernández. Lo que pudo haber sido una nueva etapa en la carrera de estos peloteros terminó en un escándalo que dejó profundas heridas, muchas de ellas aún sin cerrar. Hoy, casi tres décadas después, nuevas revelaciones sacan a la luz un pacto entre Germán Mesa y las autoridades cubanas que habría sido clave para su permanencia en el sistema deportivo nacional.
Según documentos y testimonios rescatados por medios independientes y periodistas como Rolando Nápoles del Canal 41, y Daniel de Malas de SwingCompleto, el incidente se destapó cuando Juan Ignacio Hernández Nodal fue arrestado en Cuba durante un juego de béisbol. En su poder se encontraron copias de visas de terceros países destinadas a facilitar la salida de varios peloteros, entre ellos Mesa, “Duke” Hernández y Alberto Hernández. La intención del plan era sacar a los jugadores del país para que pudieran firmar contratos profesionales en las Grandes Ligas, un sueño prohibido en la Cuba de los 90.
El plan fracasó y las consecuencias no tardaron. Hernández Nodal fue condenado a más de 13 años de cárcel. “Duke” y Alberto fueron excluidos del béisbol cubano y terminaron escapando de la isla para continuar sus carreras en el exterior. Sin embargo, Germán Mesa vivió una realidad muy distinta. Aunque fue sancionado por dos años, posteriormente regresó al equipo Industriales, a la selección nacional y fue ascendiendo dentro del aparato deportivo oficialista, hasta ser nombrado recientemente manager del Equipo Cuba y vicepresidente de la Federación Cubana de Béisbol.
El escándalo se mantuvo bajo un velo de silencio durante años, pero tras la liberación de Hernández Nodal y su llegada a Estados Unidos, la verdad salió a la luz. En una entrevista televisiva, el exagente fue contundente: “Contra mí, el único que testificó fue Germán Mesa”. Esa declaración alimenta los rumores que, desde hace años, apuntan a un posible pacto entre el jugador y el gobierno cubano, para delatar a sus compañeros a cambio de indulgencia y protección.
La historia no solo evidencia el doble rasero con que se aplica la justicia en el deporte cubano, sino también la forma en que se manipula a los atletas según su nivel de obediencia al sistema. Mientras dos peloteros vieron truncadas sus trayectorias y un tercero pagó con años de su vida en prisión, Germán Mesa no solo fue perdonado, sino premiado. Para muchos, esto lo convierte en una figura altamente cuestionada, que lejos de representar los valores del deporte, simboliza la sumisión total a un régimen que utiliza al béisbol como instrumento político.
Este escándalo, ocultado por tres décadas, vuelve a tomar relevancia justo cuando Mesa ha sido nombrado líder del equipo nacional. Para muchos aficionados y exatletas, es una afrenta que alguien con ese historial encabece la representación del país. Su caso refleja una dolorosa verdad: en el béisbol cubano, la lealtad al poder pesa más que la integridad personal.
Según USA Today, Germán Mesa "habló con un scout y aceptó dinero, pero no tenía intenciones de desertar" en la controvertida sanción de 1996 que sacudió el beisbol cubano e incluyó al lanzador Orlando "El Duke" Hernández y el catcher Alberto Hernández, todos miembros del Equipo… pic.twitter.com/ugf2ZJcYKC
— Daniel de Malas (@daniel_malas) October 10, 2024