Cuba volvió a quedar a oscuras este miércoles tras un nuevo apagón nacional, el cuarto en menos de un año, según confirmó la estatal Unión Eléctrica (UNE). El corte eléctrico general ocurrió a las 9:14 de la mañana, hora local, y afectó a los más de 11 millones de habitantes de la isla, quienes ya venían padeciendo apagones regulares debido al deterioro de la infraestructura energética. El Ministerio de Energía y Minas informó en su cuenta oficial de X que “se ha producido una desconexión total del Sistema Eléctrico Nacional, que puede estar asociada a una salida inesperada de la CTE Guiteras, no obstante se investigan las causas. Ya comenzó el proceso de restablecimiento”.
Aunque algunos sectores con acceso a plantas de respaldo logran mitigar en parte las consecuencias de los apagones, la mayoría de los cubanos queda completamente sin electricidad, con todos los problemas que esto acarrea: falta de refrigeración de alimentos, imposibilidad de bombear agua, interrupción en las comunicaciones y afectaciones al transporte y los servicios médicos. Los apagones en Cuba ya forman parte de la cotidianidad, pues la UNE reporta cada día en redes sociales el déficit energético entre la disponibilidad de generación y la demanda. En los últimos meses ha sido habitual que más del 40 % del país sufra cortes simultáneos de electricidad, reflejo de una crisis profunda que se combina con la escasez generalizada de bienes básicos.
Las causas de este nuevo colapso del sistema son múltiples, pero todas convergen en un mismo punto: la fragilidad de una infraestructura eléctrica envejecida y mal mantenida. Durante años, la falta de inversiones y de repuestos ha dejado a las centrales termoeléctricas en condiciones críticas. La temporada de huracanes de 2024 empeoró la situación, dañando aún más las líneas de transmisión y provocando varios apagones masivos a fines del año pasado. Desde entonces, los cortes prolongados se han convertido en la norma, provocando malestar social y episodios de protesta en varias provincias.
Ante esta realidad, el gobierno cubano ha señalado en reiteradas ocasiones que el embargo económico de Estados Unidos limita su capacidad de adquirir piezas y combustible en los mercados internacionales. Funcionarios en La Habana han acusado a Washington de ser corresponsable de la crisis energética, al restringir las fuentes de financiamiento y el acceso a tecnologías necesarias para modernizar las plantas.
Por su parte, Estados Unidos no ha emitido hasta ahora declaraciones oficiales responsabilizándose de los apagones, y la mayoría de los análisis en medios y centros de investigación norteamericanos señalan que el problema radica en la gestión interna de Cuba. Los informes destacan la falta de mantenimiento, la dependencia de combustibles fósiles de baja calidad y la ineficiencia del sistema estatal como las causas principales de los colapsos. Desde Washington, la narrativa ha sido que los apagones reflejan el deterioro del modelo económico centralizado y que las sanciones solo son un factor secundario.
En ocasiones anteriores, como tras el huracán Ian en 2022, Estados Unidos sí ofreció asistencia humanitaria para enfrentar emergencias, aunque siempre condicionada a la solicitud oficial del gobierno cubano. En esta ocasión, no se ha registrado un ofrecimiento formal ni tampoco una petición de ayuda desde La Habana. Lo que sí queda claro es que, mientras el cruce de acusaciones entre ambos países se mantiene, los cubanos de a pie continúan siendo los principales afectados por la falta de un suministro eléctrico estable. Con cada apagón nacional, la incertidumbre y la frustración crecen en una sociedad que ya lidia con la inflación, la escasez de alimentos y medicinas, y una crisis económica que golpea en todos los frentes.