Contra todo pronóstico y en medio de un debate que no deja de crecer, Cuba vuelve a levantar la voz antes de que ruede la primera pelota del Clásico Mundial. Con o sin figuras de Grandes Ligas, la selección nacional asegura que su objetivo es claro: igualar o incluso superar el histórico cuarto lugar conseguido en 2023. La noticia sacudió el panorama del béisbol internacional desde los entrenamientos en La Habana y dejó un mensaje contundente: la confianza está intacta y el reto no intimida.
La sexta edición del Clásico Mundial arrancará el próximo 5 de marzo y Cuba llegará con una convicción firme. Para la dirección del equipo, el éxito no depende de apellidos rimbombantes, sino del compromiso real de quienes decidan vestir el uniforme. La idea es sencilla pero ambiciosa: en torneos cortos no siempre gana el que más estrellas tiene, sino el que mejor ejecuta dentro del terreno y sabe competir bajo presión.
El plantel definitivo deberá quedar listo en la primera semana de febrero, y una de las grandes incógnitas sigue siendo cuántos cubanos que juegan en MLB formarán parte del equipo. En 2023, la presencia de peloteros activos en las Grandes Ligas marcó un antes y un después, con un resultado que devolvió a Cuba a los primeros planos internacionales. Aquella actuación terminó siendo la mejor desde 2006 y dejó la sensación de que el camino correcto estaba trazado.
Sin embargo, el escenario actual es distinto. Los contactos con jugadores en Estados Unidos no han fluido igual y ya se conocen varias negativas, entre ellas la de Andy Pagés, quien viene de una temporada estelar. Aun así, desde el cuerpo técnico se insiste en que se trata de decisiones personales y que el proyecto sigue adelante sin dramatismos ni excusas.
La preselección trabaja con una base sólida de peloteros de la liga local, reforzada por jugadores que militan en ligas extranjeras fuera de MLB. Uno de los nombres que más ilusión despierta es el del lanzador Liván Moinelo, figura consagrada en el béisbol japonés y pieza clave en el plan competitivo del equipo. Junto a él, otros jugadores con experiencia internacional sostienen la idea de que la unidad colectiva puede marcar la diferencia.
Cuba competirá en el grupo A, en San Juan, frente a Puerto Rico, Canadá, Panamá y Colombia, con la fase final prevista en Houston y Miami. El desafío es enorme, pero el discurso es claro: jugar buena pelota, creer y competir sin complejos.
Y ahora la pregunta que divide a la afición y enciende el debate: ¿puede Cuba realmente aspirar a estar entre los tres mejores del Clásico Mundial sin el respaldo de sus grandes figuras de MLB, o el cuarto lugar volvería a ser el techo máximo de este proyecto?