El regreso del mejor Aroldis Chapman no fue casualidad ni simple nostalgia. A sus casi 38 años rumbo a la temporada 2026, el llamado “Misil Cubano” volvió a lucir dominante y silenció las dudas que existían cuando llegó a los Boston Red Sox como una apuesta moderada. Tras una campaña anterior marcada por la irregularidad, Chapman encontró los ajustes necesarios para reencontrarse con su versión más temida y cerrar su primer año en Boston siendo reconocido como el Relevista del Año de la Liga Americana.
La clave principal estuvo en algo tan simple como complejo: el control. Durante años, su repertorio explosivo le permitió vivir con cierto margen de error, pero ese desorden comenzó a pasar factura. En 2024, su tasa de boletos se disparó a niveles inusuales para él, colocándolo entre los lanzadores con peor comando de la liga. Cuando no lograba ubicar su recta o su slider, los bateadores podían esperar y castigarlo con mayor facilidad. Esa fue la alarma que lo obligó a cambiar.
En 2025, Chapman corrigió casi por completo ese problema. Redujo su porcentaje de boletos de forma drástica, se adelantó con más frecuencia en las cuentas y rara vez se colocó en situaciones comprometidas. Cuando llegaba a tres bolas, mostró una capacidad notable para encontrar la zona de strike, algo que había sido una debilidad clara en años recientes. Con el control de vuelta, su repertorio volvió a ser tan intimidante como siempre.
El segundo gran ajuste fue estratégico. Durante buena parte de su carrera, Chapman fue prácticamente un lanzador de una sola arma: la recta de cuatro costuras a más de 100 millas por hora. Con el paso del tiempo, esa recta perdió un poco de su efecto absoluto y necesitó apoyo. La respuesta fue diversificar. En 2025, su mezcla de pitcheos alcanzó el balance más efectivo de su trayectoria.
El incremento del uso del sinker cambió por completo la ecuación. Chapman lo combinó con su recta tradicional, el slider y el splitter, logrando atacar con éxito a bateadores derechos y zurdos desde distintos ángulos. Tener dos tipos de recta a velocidades extremas le permitió dominar ambos lados del plato y mantener a los rivales constantemente incómodos.
Así, Chapman no solo recuperó su mejor versión, sino que demostró que la adaptación es tan poderosa como la velocidad. Su recta sigue siendo élite, pero ahora ya no carga sola con todo el peso. En Boston, el “Misil Cubano” volvió a ser imparable, y los resultados hablan por sí solos.