ESCANDALO!! FEDERACION CUBANA TOMA DECISION CON YULI GURRIEL

El caso de Yuli Gurriel y su exclusión de cualquier posible convocatoria al equipo Cuba en torneos internacionales como el Clásico Mundial de Béisbol es uno de los ejemplos más claros de cómo la política y el control institucional siguen marcando el destino deportivo de muchos atletas cubanos en el exilio. Aunque muchos fanáticos y analistas han expresado el deseo de ver al estelar pelotero nuevamente vestido con la camiseta de su país natal, esta posibilidad sigue siendo completamente inviable por múltiples razones, tanto institucionales como personales.

Yuli Gurriel, campeón de la Serie Mundial y actual figura respetada en las Grandes Ligas, tomó una decisión determinante en 2016 cuando abandonó una delegación cubana en República Dominicana, junto a su hermano Lourdes Jr., para perseguir el sueño de jugar en la MLB. Este acto, de inmediato, activó el mecanismo de sanción automática que impone la Federación Cubana de Béisbol (FCB) a quienes “abandonan” representaciones oficiales en el extranjero. Desde ese momento, ambos hermanos fueron marcados como “inelegibles” para futuras convocatorias nacionales.

La FCB considera estos actos como “deserciones” y los castiga con el veto total. Esta política, vigente desde hace décadas, tiene como objetivo mantener la disciplina y lealtad política dentro del sistema deportivo cubano. En otras palabras, todo pelotero que abandona la estructura institucional es automáticamente apartado, sin importar su talento o logros posteriores. No existe hasta la fecha un mecanismo oficial para revisar o reconsiderar estos casos, lo cual demuestra la inflexibilidad de la estructura oficialista.

En el caso específico de Yuli Gurriel, la situación es aún más delicada. Antes de salir del país, Yuli era uno de los rostros más visibles del béisbol cubano, capitán del equipo nacional y símbolo del “deporte revolucionario”. Su salida, por tanto, no fue solo una pérdida deportiva, sino un golpe simbólico para la narrativa oficial. Ese componente de “traición” pesa aún más en el rechazo absoluto de la FCB a considerar cualquier reconciliación con él.

Además, a lo largo de los años, Yuli Gurriel ha mantenido una postura prudente pero firme respecto a su decisión. Aunque no ha emitido tantas declaraciones políticas como otros peloteros emigrados, nunca ha manifestado interés en regresar a la estructura del béisbol cubano ni ha solicitado su reincorporación. De hecho, su carrera en las Grandes Ligas ha sido tan exitosa que no necesita del sistema cubano para validarse como atleta.

A todo esto se suma el contexto más reciente: aunque en 2023 se permitió por primera vez la inclusión de algunos peloteros emigrados en el equipo Cuba del Clásico Mundial, esa convocatoria fue altamente selectiva y política. Solo se aceptó a jugadores que no desertaron de delegaciones oficiales y que mantenían una postura ambigua o neutral frente al gobierno cubano. Yuli no cumple ninguno de esos criterios.

En conclusión, la Federación Cubana de Béisbol no aceptaría a Yuli Gurriel en su selección, no por razones deportivas, sino por una combinación de castigo ideológico, control institucional y temor a mostrar debilidad. El caso de Gurriel simboliza cómo el talento individual y el deseo de representar a la patria quedan subordinados a los intereses políticos, lo cual perpetúa la separación entre Cuba y muchos de sus mejores peloteros.