El caso de Aroldis Chapman y su exclusión del equipo Cuba vuelve a ser tema de conversación entre fanáticos y analistas del béisbol, especialmente tras la celebración del VI Clásico Mundial de Béisbol. Muchos aficionados, con desconocimiento de la situación legal y política que rodea al jugador, sugirieron su posible inclusión en la selección nacional. Sin embargo, esta posibilidad es totalmente inviable, no solo por la voluntad del propio jugador, sino por las estrictas políticas impuestas por la Federación Cubana de Béisbol.
Chapman, hoy miembro de los Boston Red Sox en las Grandes Ligas, mantiene una postura firme y crítica contra las autoridades deportivas cubanas. Su historia con el béisbol cubano cambió radicalmente en 2009, cuando abandonó la selección nacional durante una gira en Rotterdam, Países Bajos. Ese hecho selló su destino: fue automáticamente vetado de cualquier convocatoria futura a eventos internacionales con el equipo Cuba. Previamente, Chapman ya había sido sancionado por razones disciplinarias, lo que lo excluyó de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Desde entonces, su relación con los altos mandos del béisbol en la isla ha sido de ruptura total.
El exilio deportivo impuesto por Cuba a los atletas que decidieron buscar libertad y mejores condiciones fuera del sistema oficial continúa vigente. Según lo publicado por el medio especializado Swing Completo, Chapman forma parte de la lista de peloteros considerados «inelegibles», una categoría que se aplica automáticamente a todos los que abandonaron delegaciones oficiales en el extranjero. La política de veto ha afectado a decenas de jugadores, eliminando cualquier posibilidad de un regreso simbólico a representar al país que los vio nacer.
Más allá del impedimento institucional, Chapman también ha expresado su negativa personal a cualquier intento de acercamiento con las autoridades del béisbol cubano. En declaraciones recientes, el lanzador no solo recordó el trato vejatorio recibido tras su deserción, sino que también criticó la doble moral de quienes ahora intentan reconciliarse con peloteros emigrados mientras años atrás los señalaban como traidores. “Después cuando me quedé eres el traidor, gusano y vende patria”, expresó Chapman. “Toda esa gente que están convocando a los peloteros que están aquí y a los que van para el Clásico creo que son los primeros que tenían que respetarse. Yo no tengo resentimiento de nada. Simplemente estoy claro de las cosas”.
Esta claridad de pensamiento y la firmeza de sus convicciones refuerzan la idea de que cualquier reconciliación es prácticamente imposible. La Federación Cubana continúa aplicando sus normas con mano dura, sin dar cabida al perdón o a la reevaluación de casos individuales. Por ello, aunque Chapman se mantiene activo y en buena forma en las Grandes Ligas, su presencia con la camiseta del equipo Cuba es una posibilidad casi utópica.
Así, el Clásico Mundial seguirá contando con las grandes estrellas del béisbol cubano solo si representan a otras banderas. Aroldis Chapman es uno de los símbolos más visibles de esta fractura entre talento y política, un recordatorio de que en el deporte cubano aún pesan más los dictámenes ideológicos que los méritos deportivos.