EL CUBANO GABRIEL PIERRE LANZA DURO COMENTARIO POLEMICO DE ALGO QUE LE PASÓ EN CUBA CON FIDEL

Gabriel Pierre, uno de los sluggers más temidos y polémicos del béisbol cubano, vivió episodios que marcaron profundamente su carrera deportiva, entre ellos una sanción que consideró injusta y que estuvo a punto de marginarlo por completo del equipo nacional. Años después, recordó aquel momento con claridad, especialmente porque terminó involucrando directamente a Fidel Castro, en un suceso que reveló el nivel de control político que pesaba sobre el deporte cubano en esa época.

Todo ocurrió durante los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1999. En aquel entonces, las restricciones impuestas sobre los peloteros eran extremadamente severas, a diferencia de otros atletas que podían moverse con más libertad dentro de la Villa Panamericana. Pierre, harto del encierro, decidió salir a comprar algunas cosas, algo que muchos deportistas de otros países hacían sin problema. Sin embargo, alguien lo vio fuera del área permitida y lo denunció a la directiva cubana. La reacción fue inmediata y desproporcionada: lo llamaron, lo regañaron como si hubiese cometido un delito grave y lo castigaron separándolo del equipo por tiempo indefinido.

Durante su ausencia, el equipo Cuba perdió ante Canadá y Estados Unidos, aunque ya estaban clasificados. No obstante, la tensión aumentó cuando se acercaba un partido crucial frente a República Dominicana. Fue entonces cuando ocurrió lo inesperado. Fidel Castro llamó directamente al equipo para averiguar por qué Pierre no estaba jugando. Uno a uno, los jugadores pasaban el teléfono, hasta que finalmente solicitaron la presencia del slugger santiaguero. Según recordó, Castro le preguntó cómo se sentía y por qué no estaba alineando. Pierre respondió que simplemente estaba esperando la orden para regresar al terreno. Esa respuesta bastó.

Al día siguiente, fue colocado como quinto bate y designado. La frase atribuida a Castro —“A este tienen que ponerlo”— puso fin inmediato a la sanción, demostrando una vez más la influencia directa del líder cubano en decisiones deportivas que, en teoría, debían recaer en entrenadores y federativos.

La historia de Gabriel Pierre refleja un patrón repetido en el deporte cubano: sanciones aplicadas con rigor extremo, decisiones condicionadas por favoritismos y una constante intervención política que muchas veces alteró convocatorias, alineaciones y carreras completas. Para Pierre, aquel episodio simbolizó tanto la injusticia del castigo como la naturaleza impredecible del sistema en el que le tocó desarrollarse.