Orlando Hernández evocó uno de los capítulos más polémicos y determinantes de su carrera deportiva al recordar la suspensión de por vida que recibió en el béisbol cubano tras la salida del país de su hermano Liván Hernández. El histórico lanzador, conocido mundialmente como Orlando Hernández, relató con franqueza cómo se desarrollaron los hechos y cómo aquella decisión marcó de manera irreversible su destino profesional y personal.
El exdorsal 26 de Industriales comenzó describiendo la dura realidad que, según sus palabras, vivían los peloteros en Cuba y que rara vez se hacía pública. Habló de apagones constantes, hambre y precariedad, de viajes a las provincias donde los jugadores regresaban cargando sacos de arroz u otros alimentos básicos para poder sobrevivir. En ese contexto, cuestionó la visión idealizada de representar al equipo nacional sin tomar en cuenta las condiciones humanas y económicas en las que vivían los atletas, incluso aquellos considerados figuras del béisbol cubano.
Hernández explicó que el punto de quiebre llegó tras la exclusión de su hermano del equipo Cuba en Monterrey y su posterior salida del país. Luego de ese episodio, fue llamado a declarar por las autoridades deportivas y se le preguntó directamente cuál era su postura respecto a Liván. Su respuesta fue sencilla, pero firme: seguía siendo su hermano, su sangre, y no tenía nada en su contra. Aclaró que respetaba las ideas de cada cual, pero que jamás iba a dejar de querer o apoyar a un familiar por pensar diferente. Esa respuesta, según contó, selló su destino.
Relató que el coronel Germán Mesa escuchó sus palabras, dio por terminada la conversación y se marchó, dejando claro que la suspensión era inevitable. Con evidente emoción, Orlando explicó que nunca permitiría que la política o las presiones externas rompieran su lealtad familiar. Esa postura lo apartó definitivamente del béisbol cubano y lo empujó a buscar otro camino.
Paradójicamente, fue el propio Germán Mesa quien, tiempo después, le sugirió que saliera del país y buscara un futuro distinto, una idea que hasta entonces no estaba completamente en su mente. La historia tuvo un desenlace brillante. En 1998 debutó en las Grandes Ligas con los New York Yankees y, pese a llegar con 32 años, construyó una carrera memorable. Ganó cuatro Series Mundiales y dejó una huella imborrable en la MLB, demostrando que su mejor respuesta a la sanción fue el éxito deportivo al más alto nivel.