DUQUE HERNANDEZ ALBOROTA LA PRENSA CON ESTE COMENTARIO SOBRE CUBA Y MLB

El acuerdo alcanzado entre las Grandes Ligas y el gobierno de Cuba provocó un fuerte impacto en el mundo del béisbol, especialmente entre aquellos jugadores que vivieron en carne propia las restricciones, castigos y silencios del sistema anterior. Para muchos, la noticia removió recuerdos dolorosos y abrió debates que van más allá del deporte. Uno de los nombres que más atención generó fue el de Orlando Hernández, una figura cuya historia personal está marcada por la marginación, la censura y una salida traumática de la isla que cambió su vida para siempre.

El exlanzador abordó el tema desde una mirada compleja, en la que conviven el análisis del pelotero profesional y la sensibilidad del cubano que conoce de primera mano la realidad del país. Para él, el acuerdo puede interpretarse como algo positivo si se piensa en los jóvenes talentos que durante décadas no tuvieron acceso directo a las Grandes Ligas sin romper definitivamente con Cuba. Recordó que muchos peloteros con nivel para competir en MLB se vieron obligados a salir hacia terceros países, asumir riesgos extremos y pagar precios personales altísimos solo para tener la oportunidad de firmar un contrato profesional.

Desde esa perspectiva, reconoció que el pacto representa un alivio y una posibilidad inédita para las nuevas generaciones, que ya no tendrían que desertar para cumplir el sueño de jugar en el mejor béisbol del mundo. Evitar esos caminos peligrosos y ese desarraigo forzado es, para él, uno de los pocos puntos verdaderamente esperanzadores del acuerdo. Sin embargo, su respaldo no fue total ni incondicional.

El Duque fue especialmente crítico con uno de los aspectos que más rechazo le genera: el porcentaje del dinero que el gobierno cubano pretende retener de los contratos firmados por los jugadores. Según su criterio, imponer un 25% sobre los ingresos resulta excesivo e injusto. Señaló que en otros contextos internacionales los descuentos suelen rondar cifras mucho menores, cercanas al 5%, y que cualquier acuerdo justo debería alinearse con esos estándares. Para él, ese punto empaña una iniciativa que, en esencia, podría haber sido beneficiosa tanto para el béisbol cubano como para los propios atletas.

Su postura refleja una contradicción compartida por muchos exjugadores: esperanza por el futuro de los peloteros jóvenes y, al mismo tiempo, una profunda desconfianza hacia un sistema que durante años los castigó, los silenció y los obligó a elegir entre su carrera y su país. Su opinión, marcada por la experiencia y la memoria, resume el sentir de una generación que pagó el precio más alto y que hoy observa con cautela un cambio que llega demasiado tarde para ellos.