CUBANO DAVID MORRELL HIZO EL ANUNCIO MAS IMPORTANTE DE SU CARRERA Y SE ALBOROTA LA PRENSA AMERICANA

David Morrell Jr. atraviesa uno de los momentos más determinantes de su carrera profesional, un punto en el que la estabilidad ya no garantizaba crecimiento y el riesgo de un declive era demasiado evidente como para ignorarlo. Tras meses de cuestionamientos sobre su rendimiento, el talentoso boxeador cubano decidió emprender un giro radical en su trayectoria, comenzando por una de las decisiones más delicadas para cualquier pugilista: cambiar de entrenador. Y lo hizo apostando por una figura de prestigio mundial y, además, de su misma tierra, el reputado preparador Ismael Salas.

El cambio, confirmado recientemente, refleja claramente que Morrell entendió que su ruta necesitaba ser reformulada. Durante años trabajó junto al reconocido estratega Ronnie Shields, una relación fructífera que lo llevó a conquistar un título de la Asociación Mundial de Boxeo. Sin embargo, los síntomas de estancamiento comenzaron a hacerse visibles. La derrota por decisión unánime ante David Benavidez, ocurrida el 1 de febrero en Las Vegas, fue el primer aviso serio, aunque comprensible debido al nivel del rival. Lo verdaderamente alarmante llegó meses después, cuando apenas logró imponerse sobre el ruso Iman Khataev el 12 de julio, en una pelea que dejó muchas dudas entre analistas, aficionados y dentro del propio equipo del cubano.

Ese combate representó un punto de quiebre. Morrell ya no lucía dominante, ni explosivo, ni con la claridad táctica que lo había convertido en una de las grandes esperanzas del boxeo latino. Las críticas se multiplicaron y el consenso era evidente: necesitaba un cambio profundo si quería volver a la élite y proyectarse hacia grandes oportunidades en el peso supermediano o incluso en divisiones superiores.

Entra entonces en escena Ismael Salas, un entrenador cuyo nombre está asociado a campeones y a reconstrucciones exitosas. Figuras como Robeisy Ramírez, Yordenis Ugás o Rolly Romero han pasado por sus manos, logrando en su mayoría las mejores versiones de sus carreras. Su método, basado en disciplina, precisión técnica y una lectura táctica minuciosa, parece ajustarse exactamente a lo que Morrell necesita en esta etapa.

El acuerdo entre ambos marca el comienzo de una nueva era. Morrell, con tiempo por delante y un talento incuestionable, busca reinventarse, recuperar el brillo que lo hizo destacar desde sus días con la selección cubana y demostrar que su techo aún está lejos de alcanzarse. Es un salto arriesgado, pero también uno que podría redefinir completamente su futuro en el boxeo profesional.