El nocaut que sufrió William Scull no fue solo una derrota más en el récord de un peleador cubano: fue un golpe directo a las expectativas del boxeo antillano en este inicio de 2026. En apenas unas horas, la sensación de optimismo se transformó en preocupación y el debate volvió a encenderse. ¿Está atravesando Cuba una crisis real en el boxeo profesional? La caída de Scull en Europa volvió a colocar el reflector sobre un panorama que luce cada vez más incierto.
El 31 de enero, Dinamarca fue testigo de una pelea que prometía mucho más de lo que finalmente ofreció el cubano. William Scull enfrentó al campeón mundial supermediano OMB, Jacob Bank, en un combate donde resistió los 12 asaltos, pero nunca logró imponer su estilo ni cambiar el curso de la pelea. El desenlace fue contundente: un nocaut casi al final que selló una noche amarga y dejó un registro negativo imposible de maquillar.
Esta derrota representa un serio retroceso para Scull, quien ya venía de perder su invicto meses atrás frente a Canelo Álvarez. A sus 33 años, el margen de error se reduce y cada revés pesa el doble. Ante Bank, volvió a mostrar su estilo elusivo, pero sin respuestas ofensivas claras, sin un jab efectivo y sin ajustes desde la esquina. El danés lo envió tres veces a la lona antes de cerrar la pelea por la vía rápida, marcando el primer KO en contra en la carrera del cubano, que ahora exhibe récord de 23 victorias y dos derrotas.
El contexto general no ayuda. Enero fue un mes agridulce para el boxeo cubano. El único rayo de luz lo encendió Jadiel Herrera el 10 de enero, cuando noqueó al panameño Ricardo Núñez en Alemania y conquistó un título mundial interino en las 135 libras. Ese triunfo abrió el año con ilusión, pero no logró arrastrar a sus compatriotas.
Andy Cruz, llamado a ser una de las grandes banderas del boxeo cubano profesional, también dejó dudas tras caer por decisión cerrada ante Raymond Muratalla en un combate donde resistió, pero no ganó. El balance es claro y preocupante: una victoria y dos derrotas en las peleas de mayor peso mediático.
Hoy, la pregunta ya no es solo quién será el heredero de Erislandy Lara, sino si el estilo cubano está realmente preparado para triunfar en la élite profesional moderna. ¿Debe Cuba replantear su forma de boxear para sobrevivir en el profesionalismo o el problema pasa por la selección de rivales y momentos?