Mijaín López, el luchador grecorromano cubano y máximo medallista olímpico de su país, es un ejemplo de lealtad y fidelidad a Cuba, un país que le ha dado reconocimiento y prestigio, pero no la riqueza económica que muchos atletas de su calibre han alcanzado en otras partes del mundo. A pesar de tener la posibilidad de buscar mayores recompensas económicas fuera de Cuba, López decidió mantenerse fiel a su país y vivir dentro del sistema cubano, priorizando otros valores por encima del dinero.
Una de las razones fundamentales por las que Mijaín decidió permanecer en Cuba es su profundo amor por su patria y su compromiso con el sistema deportivo que lo formó. Nacido en una familia humilde en Pinar del Río, Mijaín creció en un contexto en el que el deporte no era solo una vía de escape, sino un medio para elevar el orgullo de su país. Desde sus primeros éxitos, fue educado bajo los principios del sistema socialista cubano, donde la gloria deportiva es vista como una contribución al bienestar colectivo y no como una vía para el enriquecimiento personal.
Para Mijaín, su carrera nunca fue solo una cuestión de medallas o fama personal. Cada una de sus cuatro medallas de oro olímpicas y sus múltiples títulos mundiales fue un acto de gratitud hacia el pueblo cubano, que siempre lo ha apoyado y admirado. En diversas entrevistas, Mijaín ha expresado que su mayor motivación es ver a la gente de su país feliz, celebrando sus triunfos y sintiendo orgullo de él como representante de la nación. Para él, eso tiene un valor incalculable que no se puede comparar con una vida de lujo en el extranjero.
A lo largo de su carrera, Mijaín recibió ofertas para desertar, especialmente durante competiciones internacionales, donde otros atletas cubanos en el pasado tomaron la decisión de quedarse en el extranjero buscando oportunidades económicas. Sin embargo, López siempre rechazó esas tentaciones, fiel a su filosofía de vida. Según él, su éxito no tendría el mismo sentido si no estuviera acompañado de la bandera cubana. El peso de la historia y la responsabilidad de representar a su país han sido siempre más importantes que las ganancias económicas que podría haber obtenido.
El sistema cubano de recompensas deportivas, aunque limitado económicamente, le ha brindado algunos beneficios materiales, como casas y automóviles, pero nunca ha alcanzado el nivel de riqueza que habría podido lograr en otras partes del mundo. Sin embargo, para Mijaín, estos son elementos secundarios. Lo que más valora es el respeto y la admiración del pueblo cubano y el legado que dejará como uno de los mejores atletas de la historia de la isla.
Además, el apoyo que siempre ha recibido de las autoridades deportivas y políticas en Cuba ha reforzado su lealtad. Figuras como Fidel Castro y Raúl Castro siempre valoraron su éxito, otorgándole un lugar especial en la historia del deporte cubano. Para Mijaín, la relación entre atleta y Estado es parte de un contrato de lealtad y reciprocidad que ha respetado durante toda su carrera.
Aunque muchos podrían considerar que Mijaín López ha «sacrificado» una vida de riqueza por su lealtad a Cuba, él no lo ve de esa manera. Su decisión de permanecer en su país no se basa en la pobreza, sino en su sentido del deber, su amor por su gente y su deseo de ser recordado como un símbolo de orgullo cubano. Para Mijaín, ser fiel a sus raíces y a su país es el verdadero triunfo, mucho más valioso que cualquier cantidad de dinero.