La designación de Germán Mesa como director técnico del equipo Cuba de béisbol no solo ha causado reacciones diversas entre aficionados y especialistas, sino que además ha generado polémica desde el mismo instante en que se hizo pública. El 19 de junio fue el día escogido por la Federación Cubana de Béisbol para anunciar oficialmente su nombramiento, y en sus primeras declaraciones, el exjugador capitalino aseguró que se enteró de la noticia apenas unas horas antes de la conferencia de prensa. Sin embargo, estas palabras fueron recibidas con escepticismo, ya que contrastan con informaciones previamente difundidas por medios oficiales e independientes.
Mesa, actual vicepresidente de la Federación Cubana, afirmó que desconocía su designación hasta el mismo día de su presentación ante la prensa. Agradeció a los directivos por confiar en él y prometió transparencia, apertura a los medios y comunicación constante con los aficionados. Sin embargo, esa supuesta sorpresa resulta poco creíble. El periodista oficialista Pavel Otero había adelantado en sus redes sociales, incluso días antes del anuncio, que Germán Mesa estaba involucrado en el proceso de selección del equipo, incluyendo contactos con peloteros profesionales, algunos de ellos ligados al sistema MLB. Esto indica que el exjugador tenía conocimiento previo sobre su rol, o al menos participaba activamente en los preparativos.
Este contraste entre lo dicho por Germán Mesa y lo reportado por fuentes cercanas al proceso levanta sospechas sobre la veracidad de sus palabras. Resulta contradictorio que una figura con tanto peso dentro del béisbol cubano, y que formaba parte de los planes estratégicos desde hace meses, se declare ajeno a una decisión tan importante como su propio nombramiento. A eso se suma el hecho de que su elección era considerada por muchos un “secreto a voces”, ampliamente anticipado por la prensa independiente y por varios sectores del público.
Durante la conferencia, Mesa insistió en su compromiso con el resurgir del béisbol cubano y pidió confianza al pueblo. Declaró que su objetivo es devolverle al deporte nacional el nivel competitivo de décadas pasadas, cuando Cuba dominaba los torneos internacionales. Sin embargo, estas promesas llegan acompañadas de una sombra de duda, pues desde su primer día en el cargo, ya hay quienes consideran que su discurso no se corresponde con la realidad.
La falta de transparencia en el proceso de selección del manager nacional ha sido uno de los puntos más criticados. Muchos esperaban que, tras años de resultados discretos, el béisbol cubano diera un giro hacia una gestión más abierta e inclusiva, capaz de reconectar con los jugadores emigrados y con los aficionados. No obstante, la elección de Germán Mesa, vista por algunos como una apuesta por la continuidad del modelo actual, ha reforzado la percepción de que los cambios serán más simbólicos que reales.
El camino hacia el Clásico Mundial no será fácil para el nuevo director técnico. Además de las exigencias deportivas, deberá afrontar la presión de una afición dividida y de un entorno mediático atento a cada paso. Sus palabras de transparencia, en lugar de calmar las aguas, han encendido más interrogantes. Lo que debió ser un comienzo inspirador para un nuevo ciclo en el béisbol cubano, ya comienza con polémicas que, probablemente, lo acompañarán durante toda su gestión.