El golpe cayó como un balde de agua fría y vuelve a sacudir el panorama del béisbol cubano rumbo al Clásico Mundial 2026. A solo semanas del inicio del torneo, el Equipo Cuba suma otra baja sensible desde el sistema MLB, una noticia que vuelve a encender las alarmas entre aficionados y analistas. Víctor Labrada, jardinero cubano con recorrido profesional en ligas extranjeras, tomó la decisión de no vestir el uniforme nacional en la cita mundialista, priorizando su futuro inmediato en el béisbol organizado de Estados Unidos. La noticia no solo sorprende, sino que redefine las expectativas del Team Asere desde el primer momento.
El habanero había sido considerado una pieza útil dentro del proyecto, tanto por su experiencia en Ligas Menores como por su paso por circuitos profesionales en México y República Dominicana. Incluso, en etapas anteriores, Labrada aceptó representar a Cuba en medio de fuertes cuestionamientos, mostrando disposición a asumir el reto. Sin embargo, el escenario cambió radicalmente en las últimas horas, cuando su organización dio un paso clave al invitarlo al Spring Training, una oportunidad determinante para mantenerse en la carrera por un puesto en la Gran Carpa.
Ese contexto terminó inclinando la balanza. Para Labrada, enfocarse en consolidar su carrera profesional se convirtió en prioridad absoluta, haciendo inviable su participación en el Clásico Mundial. La decisión, aunque comprensible desde lo personal, profundiza una sangría que no se detiene y que ha ido desmantelando el roster proyectado inicialmente por el cuerpo técnico cubano.
La lista de ausencias ya es larga y pesada. Nombres como Andy Pagés, Daysbel Hernández, Yunior Tur, Lázaro Estrada, Jorge Marcheco, Rafael Sánchez, Andy Ibáñez y Ernesto Martínez Jr. han ido desapareciendo del mapa competitivo de Cuba. Cada salida no solo resta talento, sino también liderazgo, experiencia internacional y opciones tácticas en un torneo corto donde el margen de error es mínimo.
La baja de Labrada golpea especialmente la profundidad de los jardines, un área donde Cuba aspiraba a combinar defensa sólida y velocidad, elementos clave para competir ante potencias con ofensivas explosivas. Hoy, esa planificación luce fragmentada y obliga a replantear roles, convocatorias y aspiraciones reales dentro de un grupo que ya llega bajo presión.
El Team Asere encara ahora un escenario complejo, con un proyecto que perdió buena parte de su músculo competitivo antes de saltar al terreno. La ilusión que en algún momento se construyó alrededor de un roster mixto, con talento del sistema MLB y figuras del béisbol doméstico, se ha ido diluyendo con cada negativa.
Y la pregunta queda servida, incómoda pero inevitable: ¿debe seguir apostando Cuba al Clásico Mundial sin garantías reales para sus peloteros, o este desfile de ausencias es la señal definitiva de que el modelo necesita un cambio profundo?