La decisión de Yariel Rodríguez, Yosimar Cousin y Yunior Tur de responder positivamente al llamado del Equipo Cuba ha abierto un debate profundo dentro del béisbol cubano y entre sus propios aficionados. Para muchos, el regreso de estos peloteros al sistema que alguna vez los castigó, los marginó o los señaló, resulta difícil de comprender. Para otros, solo demuestra que el anhelo de vestir el uniforme nacional sigue teniendo un peso emocional que supera heridas pasadas. Lo cierto es que sus nombres hoy están en el centro de una polémica que toca temas de identidad, dignidad y memoria deportiva.
En el caso de Yariel Rodríguez, la controversia es aún más intensa. Luego de romper con la Federación Cubana en 2023 y de enfrentar un intento de multa multimillonaria tras su salida del contrato con los Chunichi Dragons, el lanzador fue públicamente señalado con los típicos calificativos que reciben quienes no se ajustan a las normas del sistema. Palabras como “traidor” o “apátrida” circularon de manera habitual, y para muchos aficionados era imposible imaginar que, años después, él mismo ofreciera su disponibilidad para representar a Cuba en el Clásico Mundial. Su decisión ha sido interpretada por algunos como un acto de reconciliación, pero por otros como una aceptación injustificable de quienes antes intentaron perjudicarlo.
Cousin vivió una historia similar. A él y a Yunior Tur se les cerraron puertas sin justificación deportiva, únicamente por sospechas de posible deserción. En 2021 quedaron fuera de equipos nacionales, y en el Mundial Sub-23 en México sus ausencias fueron explicadas oficialmente como falta de “compromiso patriótico”. Esa etiqueta fue suficiente para marginarlos. La única salida que encontraron fue abandonar la isla para continuar sus carreras.
A pesar de todo eso, Cousin también respondió afirmativamente al llamado del Equipo Cuba. Para muchos seguidores, su decisión resulta desconcertante, pues implica regresar justo a la estructura que en su momento lo condenó sin razón. Tur inicialmente también mostró disposición, pero su destino cambió cuando fue convocado por los Athletics a su pretemporada, lo que automáticamente lo dejó fuera de cualquier vínculo con la selección cubana.
Hay quienes creen que ningún logro deportivo vale más que la dignidad personal. Otros opinan que el deseo de representar a la nación pesa más que los conflictos institucionales. Lo cierto es que estas decisiones han expuesto nuevamente las tensiones internas que acompañan al béisbol cubano y han dejado claro que, para algunos peloteros, el uniforme del equipo nacional sigue siendo un símbolo más poderoso que cualquier herida del pasado.