Julio César La Cruz, uno de los boxeadores más laureados en la historia del deporte cubano, sigue mostrando una actitud ejemplar dentro y fuera del cuadrilátero. A pesar de tener ya en su vitrina dos medallas de oro olímpicas, logradas en Río 2016 y Tokio 2020, el capitán de los Domadores de Cuba no descarta la posibilidad de asistir a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, cuando ya borde los 40 años.
“No quiero ser categórico en decir que voy a llegar a Los Ángeles 2028, pero tampoco renuncio a esa Olimpiada, que sería la quinta para mí”, declaró al sitio web de Radio Rebelde. Su declaración abre la puerta a una posibilidad histórica: convertirse en el boxeador con más participaciones en citas olímpicas si logra llegar a ese evento.
Aunque su camino olímpico sufrió un revés en París 2024, cuando fue eliminado en su primera pelea por Loren Berto Alfonso —un rival conocido que representa a Azerbaiyán—, Julio César no ha bajado la guardia. Todo lo contrario: ha encontrado nuevas motivaciones en el profesionalismo, una opción que ha revitalizado a muchos pugilistas cubanos y que le ha permitido mejorar aspectos clave de su boxeo, como la potencia en sus puños.
En el plano profesional, Julio César La Cruz cuenta con un récord invicto de cuatro victorias en igual número de peleas, todas por la vía del nocaut. Su combate más reciente tuvo lugar el 11 de abril en Varadero, donde venció al montenegrino Dilan Prasovic en un dramático duelo de la división superpesada. En ese enfrentamiento, el europeo logró derribarlo en el segundo asalto, pero el cubano se repuso rápidamente y dominó el resto del combate, forzando la detención del mismo tras varias caídas del rival.
El ascenso en la fuerza de sus golpes ha sido notorio, y el boxeador lo atribuye al trabajo conjunto con su fisioterapeuta, Tarik Valdés, a quien reconoce como una pieza clave en esta nueva etapa. “Antes yo no pegaba, y en los últimos combates que he tenido he podido ganar antes de tiempo”, confesó el cinco veces campeón mundial.
Este desarrollo en su pegada cobra mayor importancia ahora que sus entrenadores valoran consolidarlo en la división superpesada, una categoría donde Cuba no conquista un título olímpico desde los días gloriosos de Roberto Balado, campeón en Barcelona 1992. Rolando Acebal, jefe técnico del equipo nacional, ha manifestado que La Cruz es el más indicado para asumir el desafío, a pesar de no tener la estatura ideal para esa división. La experiencia, la técnica y el liderazgo del camagüeyano son sus mejores cartas en esa apuesta.
Julio César La Cruz se mantiene como un referente dentro del boxeo cubano. Con su ética de trabajo, su espíritu competitivo y su amor por la camiseta nacional, continúa inspirando a las nuevas generaciones. Mientras el reloj sigue corriendo, él se niega a ponerle punto final a su historia olímpica. Con los ojos puestos en Los Ángeles 2028, su nombre sigue latente como sinónimo de perseverancia y grandeza.