Leonys Martín ha vuelto a estar en el centro de la conversación tras reflexionar sobre uno de los aspectos más duros y menos comprendidos del béisbol cubano: la presión extrema que viven los jugadores en los estadios de la isla. En una conversación reciente, el experimentado jardinero no solo repasó parte de su trayectoria, sino que dejó una frase contundente que resume perfectamente lo que significa jugar en Cuba: “jugar allá es para hombres”.
Martín, quien debutó muy joven en las Series Nacionales con Villa Clara y posteriormente se convirtió en el jardinero central titular de la selección, conoce como pocos lo que significa sentir el peso de un estadio repleto en Cuba. Para él, ninguna experiencia posterior —ni su paso por Ligas Menores, ni su debut en Grandes Ligas, ni los escenarios más exigentes de la MLB— se comparan con la presión sonora y emocional de jugar en parques icónicos como el Latinoamericano o el Guillermón Moncada.
Recordó que el salto a MLB tras su salida de Cuba no lo intimidó, pues para entonces ya había vivido el ambiente del Clásico Mundial y, sobre todo, la intensidad única de los estadios cubanos. Según dijo, un pelotero que se desempeña bien en esos escenarios está preparado para cualquier reto. Esa mezcla de bullicio, exigencia, pasión desbordada y cero margen para el error convierte cada juego en un examen psicológico además de deportivo.
Su visión coincide con la de muchos jugadores que emergieron en los años más “calientes” del béisbol cubano, una época en la que los estadios no solo se llenaban, sino que vibraban con una energía que convertía cada juego en un espectáculo emocional. Las gradas en Cuba pueden pasar del aplauso estruendoso al abucheo feroz en cuestión de segundos, y manejar esa intensidad forma carácter en quienes aspiran a llegar lejos en su carrera.
Martín, con nueve temporadas en MLB, 30 bases robadas en campañas consecutivas y un historial respetable como jardinero, asegura que esa escuela fue determinante para su éxito posterior. Hoy, ya con una extensa carrera internacional y actualmente participando en la Liga del Pacífico con Los Mochis, sigue demostrando que mantiene su poder y competitividad, compartiendo el liderato de jonrones de su equipo.
Su afirmación no busca romantizar la dureza del sistema, sino reconocer que en Cuba se forja un temple distinto, una resiliencia que marca para siempre a quienes logran brillar bajo esa “olla de presión” que solo el béisbol cubano sabe generar.