El béisbol cubano vivió un episodio lamentable durante la 64 Serie Nacional cuando el lanzador de Guantánamo, Álvaro Damián Savón, agredió al árbitro Román Zamora luego de ser expulsado tras un pelotazo en un partido frente a Camagüey. El incidente, ocurrido el 7 de septiembre en el estadio Cándido González, generó una gran ola de críticas en redes sociales y se convirtió rápidamente en uno de los temas más comentados dentro y fuera del país. Ante el impacto mediático, el propio jugador rompió el silencio un día después y expresó públicamente su arrepentimiento.
A través de un mensaje en su perfil de Facebook, Savón ofreció disculpas a la afición y reconoció que su comportamiento fue un error que no representa los valores que, desde niño, aprendió gracias al béisbol. El guantanamero explicó que el pelotazo que propinó al bateador camagüeyano Reynaldo Almanza no fue intencional, pero tras la decisión de Zamora de expulsarlo, reaccionó de manera desmedida. En su mensaje, subrayó que lamentaba profundamente el altercado y que no dudaba en pedir perdón tanto al pueblo de Cuba como, en particular, a la afición camagüeyana.
El lanzador detalló que se encuentra en medio de un proceso disciplinario, pues además de la sanción interna que ya le aplicó su equipo, espera una decisión de las máximas autoridades del béisbol cubano. Según sus palabras, su castigo inicial le impedirá estar presente en varios encuentros, y a la par pidió disculpas a la Dirección Nacional de Béisbol, a los árbitros presentes durante la serie y especialmente al propio Román Zamora, con quien intentó cerrar el capítulo con un gesto de reconciliación.
Lejos de alimentar polémicas, Savón quiso desmarcarse de cualquier lectura que pudiera interpretarse como una crítica hacia el béisbol cubano. Reconoció que en redes sociales hubo quienes aprovecharon la situación para señalar supuestas crisis estructurales en la pelota de la isla, pero insistió en que ese no era su objetivo ni su sentir. En sus propias palabras, jamás buscaría dañar la imagen de un deporte que practica desde pequeño y que lo formó en valores.
El lanzador enfatizó también el compromiso con sus compañeros y con su tierra natal, Guantánamo. Asumió que defraudó tanto a su equipo como a su gente, y aseguró que nunca volvería a repetir un incidente tan penoso. Su escrito, cargado de autocrítica, buscó transmitir que más allá de la sanción deportiva, el verdadero peso para él es la decepción causada a quienes lo apoyan.
El caso de Álvaro Damián Savón se convirtió en una muestra de cómo un instante de frustración puede escalar hasta convertirse en noticia nacional. La magnitud del suceso no solo recayó en la agresión física, sino en la viralización inmediata que tuvo en redes, donde se multiplicaron los señalamientos y juicios de valor. Con su disculpa pública, el lanzador intentó mitigar las repercusiones, dejar claro que actuó sin intención premeditada y dar un paso hacia la reconciliación con el béisbol cubano y su afición.
Lo cierto es que el episodio quedará como un recordatorio de la importancia de la disciplina y la mesura en un deporte que, en Cuba, se vive con pasión absoluta. Savón reconoció su error y mostró disposición a asumir las consecuencias, con la esperanza de que este hecho no defina su carrera, sino que quede como una lección de madurez personal y profesional.