VERGUENZA!! REGIMEN CUBANO CULPA A EE.UU DE APGONES EN LA ISLA

La crisis energética en Cuba ha alcanzado un punto crítico con la confirmación de que este jueves casi la mitad del país sufrirá apagones simultáneos durante las horas de mayor consumo. La estatal Unión Eléctrica (UNE) anunció que el 49% de la isla se verá impactada por cortes de electricidad que responden a un profundo déficit de generación, reflejo de las carencias estructurales del sistema eléctrico y de la escasez de divisas para importar combustible.

En ciudades como Santiago de Cuba y Holguín, los apagones ya superan las 20 horas diarias, una cifra que coloca a miles de familias en condiciones extremas de sobrevivencia. En La Habana, aunque la situación es algo menos dramática, los cortes alcanzan hasta 10 horas diarias, con serias afectaciones en la vida cotidiana y en sectores económicos estratégicos. Cocinar en fogones improvisados, conservar alimentos en condiciones precarias y soportar las noches sin ventilación ni refrigeración se ha convertido en rutina para millones de cubanos.

Los datos de la UNE revelan la magnitud del colapso: para el horario de mayor demanda, en la tarde-noche, la capacidad máxima de generación apenas llega a 1.890 megavatios frente a una demanda real de 3.550. Esto genera un déficit de 1.660 megavatios, con una afectación calculada en 1.730 megavatios, aunque en la práctica los apagones suelen ser más prolongados y severos de lo informado oficialmente.

Actualmente, seis de las 20 unidades termoeléctricas del país están fuera de servicio por averías o mantenimiento, lo que evidencia el deterioro del sistema. A ello se suman 43 centrales de generación distribuida que no operan por la falta de diésel y fueloil. El problema no es solo técnico, sino financiero: el régimen carece de divisas suficientes para sostener las importaciones de combustible y realizar las inversiones necesarias en reparación y modernización.

Los especialistas independientes coinciden en que el colapso energético es resultado de una “infrafinanciación crónica” que se arrastra desde hace décadas. El sistema eléctrico cubano, bajo control absoluto del Estado desde 1959, no ha recibido las inversiones requeridas y funciona con equipos obsoletos que han sobrepasado su vida útil. Se calcula que serían necesarios entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para reactivar el sistema de manera integral, fondos que La Habana no tiene a su disposición ni parece estar en condiciones de obtener en el corto plazo.

El impacto económico de esta crisis es devastador. Según cifras oficiales, el Producto Interno Bruto de la isla cayó un 1,1% en 2024 y acumula una contracción del 11% en los últimos cinco años. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) prevé que en 2025 el balance siga siendo negativo, en parte por la incapacidad de garantizar estabilidad en la generación eléctrica. Sectores productivos como la industria, el comercio y el turismo sufren paralizaciones constantes, agravando la ya crítica situación financiera del país.

A todo esto se suma el creciente descontento social. Los apagones han sido detonantes de protestas en distintos momentos, incluyendo las masivas manifestaciones de julio de 2021. La población, cansada de vivir bajo cortes interminables y de escuchar excusas oficiales, ha perdido la paciencia y expresa cada vez más su malestar en las calles y redes sociales. La crisis energética, lejos de resolverse, se perfila como uno de los mayores desafíos para el régimen, que intenta justificar el colapso señalando a la falta de divisas, mientras la realidad apunta a décadas de abandono e ineficiencia.