La entrada del boxeo cubano al profesionalismo generó desde sus inicios una fuerte polémica, especialmente en torno al tema económico. Durante mucho tiempo se habló de que las autoridades cubanas se quedaban con la mayor parte de las ganancias de los atletas y que los púgiles apenas recibían una fracción de lo que realmente producían sobre el ring. Sin embargo, el 30 de agosto el presidente de la Federación Cubana de Boxeo, Alberto Puig de la Barca, decidió aclarar públicamente cómo funciona la distribución del dinero y aseguró que ni la Federación ni el gobierno reciben un solo centavo de las bonificaciones de los peleadores.
En declaraciones ofrecidas al canal de YouTube Boxeo Urbano Network, el dirigente explicó los motivos que llevaron a Cuba a dar un giro radical en su visión sobre el boxeo rentado. Puig recordó que durante varios años se hicieron estudios detallados donde se evaluaron los pros y los contras de insertarse en un ámbito que durante décadas estuvo prohibido para los atletas de la isla. Según sus palabras, finalmente se llegó a la conclusión de que había “mucho humanismo” en el boxeo profesional, y esa convicción fue la que abrió la puerta a la participación. Como antesala, Cuba ya había experimentado en la Serie Mundial de Boxeo, un formato semiprofesional en el cual compitieron durante cinco temporadas, logrando tres títulos y dos subtítulos.
El punto más sensible de su intervención fue el económico. Puig desmintió de manera categórica los rumores sobre el supuesto control gubernamental de las ganancias. Según afirmó, los estatutos del boxeo profesional cubano establecen con claridad que el 80 % de lo obtenido por cada atleta corresponde directamente al boxeador, mientras que el 15 % se destina al entrenador y el 5 % a la tríada médica que acompaña a los deportistas. “Es bueno aclarar que la Federación y menos el gobierno reciben un centavo de las bonificaciones de cada uno de nuestros atletas. Eso ha posibilitado un beneficio económico y una mejor calidad de vida en nuestros atletas, entrenadores y personal médico”, señaló el dirigente.
Estas palabras buscan despejar cualquier duda en torno a un tema que siempre estuvo en el centro del debate. No es secreto que el boxeo cubano, a pesar de su dominio en la arena amateur, enfrentó una serie de problemas en los últimos años, entre ellos su separación de la Asociación Internacional de Boxeo (IBA) y su posterior adhesión a World Boxing, decisión tomada con la mirada puesta en garantizar la presencia en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. En medio de esa transición, las críticas sobre la supuesta apropiación de recursos económicos por parte del oficialismo se hicieron cada vez más frecuentes, alimentadas por voces dentro y fuera de la isla.
La aclaración de Puig de la Barca parece dirigida no solo a los medios, sino también a los propios atletas, quienes en ocasiones han expresado inconformidad o incertidumbre sobre el destino real de las ganancias. La Federación Cubana de Boxeo, consciente del desgaste mediático que implicaba este asunto, optó por salir al frente y presentar cifras concretas que respaldan su versión.
Resta por ver si esta explicación logra calmar las dudas o si, por el contrario, surgirán voces de boxeadores que decidan contradecirla. Lo cierto es que, al menos desde el discurso oficial, se establece que los principales beneficiados son los propios atletas y su equipo de trabajo, un argumento con el que se busca consolidar la idea de que el boxeo profesional en Cuba no solo significa competir en nuevos escenarios, sino también garantizar un sustento digno para quienes representan a la isla en los cuadriláteros internacionales.