Los Juegos Panamericanos sub-23 realizados en Asunción, Paraguay, no solo fueron escenario de competencias deportivas, sino también el marco en el que un grupo de seis atletas cubanos tomó la decisión de abandonar a su delegación y quedarse en el país anfitrión. El hecho, aunque silenciado en un primer momento por la prensa oficialista de la isla, salió a la luz pública el 26 de agosto, cuando cuatro de los implicados compartieron su testimonio en una entrevista concedida al medio paraguayo La Nación.
Los deportistas que hablaron fueron los remeros Keiler Ávila, Félix Puente Batista y Robert Landy Fernández, junto con el balista Emanuel Ramírez. Sus palabras estuvieron cargadas de sinceridad y de un sentimiento común: la búsqueda de una vida mejor, lejos de las limitaciones que, según ellos, vivieron en Cuba. Para Emanuel Ramírez, quien logró un sexto lugar en su disciplina con un registro de 17.73 metros, la motivación es clara: seguir creciendo en el deporte y, si se le da la oportunidad, representar en un futuro a Paraguay. “Eso me haría muy feliz, creo que acá se pueden abrir muchas puertas”, señaló con esperanza.
En el caso de Keiler Ávila, su decisión fue tomada desde antes de la competencia. El joven relató que desde marzo, cuando visitó Paraguay por primera vez, ya había sentido el deseo de quedarse. La diferencia entre las condiciones de vida en el país sudamericano y lo que enfrentaba en Cuba fue suficiente para inclinar la balanza. “Me ha gustado mucho Paraguay. Desde marzo, cuando vine por primera vez, ya sabía que quería quedarme. La vida del deportista en Cuba es muy dura por la alimentación, la falta de recursos y muchas cosas más”, comentó con franqueza.
Félix Puente Batista, otro de los protagonistas de esta estampida deportiva, quiso enviar un mensaje de tranquilidad a su familia que permanece en Cuba. Reconoció que los primeros días tras la fuga estuvieron cargados de tensión, pero que poco a poco lograron encontrar calma en un entorno más favorable. “En Cuba la situación es muy difícil y buscamos mejorar nuestra vida y nuestro deporte. Yo practico remo desde hace nueve años y quiero seguir haciéndolo aquí. Estos días hemos estado tranquilos, bajo techo, comiendo, y ahora nos sentimos más relajados para enfocarnos en nuestro futuro”, afirmó, destacando que por fin pueden pensar en un porvenir más estable.
La narrativa de estos jóvenes refleja un patrón que se ha repetido en numerosas ocasiones: atletas cubanos que, al competir fuera de la isla, encuentran en otros países la posibilidad de acceder a mejores condiciones de vida y de desarrollo deportivo. Aunque el gobierno cubano suele guardar silencio frente a estos episodios, para los propios protagonistas se trata de un acto de valentía y de supervivencia.
Las historias de Ávila, Puente Batista, Fernández y Ramírez ponen en evidencia las carencias estructurales que aquejan al deporte en Cuba, así como la presión constante de intentar rendir en el máximo nivel sin contar con la alimentación adecuada, recursos básicos ni un entorno que les permita crecer. Ahora, en Paraguay, sueñan con una vida diferente, una vida en la que el esfuerzo diario tenga una recompensa real y no esté limitado por las circunstancias de su país natal.