UNA BURLA!! MIRA CUANTO LE PAGARÁN A PELOTEROS EN CUBA EN 2025-2026

En el béisbol cubano, la narrativa oficial sigue vendiendo la idea de que los jugadores compiten “por amor a la camiseta”, una frase que suena romántica, pero que en la práctica no llena la nevera, no paga el alquiler y mucho menos resuelve las cuentas del mes. Detrás de la épica de héroes provinciales y récords históricos, existe una realidad incómoda que muchos prefieren no abordar: los salarios son tan bajos que rozan lo insultante, y aunque el gobierno ha hecho ajustes mínimos, el fondo del problema sigue intacto.

En plena Serie Nacional, un pelotero puede dejar el alma en el terreno durante meses y cerrar la temporada con un ingreso que apenas cubre lo básico. Tras el último aumento salarial, aplicado para la Liga Élite, el monto mínimo ronda los 20 dólares mensuales al cambio actual, una cifra que en cualquier otra liga del mundo sería considerada una burla. Este incremento, aunque en el papel suene como un avance, en la práctica no cambia la ecuación: se trata de un ajuste mínimo que no alcanza para mejorar de forma real la vida de los jugadores.

La comparación con otras ligas es demoledora. En MLB, el jugador peor pagado recibe más de 740 mil dólares al año; en Japón o Corea del Sur, los contratos más modestos rondan los 200 mil. Incluso en ligas de menor envergadura como la mexicana, dominicana o venezolana, el salario mínimo en pocas semanas supera lo que un pelotero cubano gana en todo un año. No hace falta ser economista para entender por qué tantos deciden abandonar la isla en busca de mejores oportunidades.

El discurso de “jugar por amor a la camiseta” puede funcionar como propaganda, pero no resuelve el dilema de un jugador que necesita mantener a su familia. Muchos peloteros han confesado, siempre en privado para evitar represalias, que deben buscar ingresos adicionales: entrenar a niños en academias privadas, trabajar como choferes o incluso vender productos de importación que logran traer en viajes con delegaciones. Algunas historias parecen sacadas de una película, pero son el reflejo de la supervivencia en un sistema que no garantiza estabilidad económica.

Cuando un jugador cubano se marcha para firmar en República Dominicana, México o cualquier otro país, no lo hace por capricho ni por traición a su tierra. Lo hace porque en un año fuera puede asegurar el futuro de su familia, mientras en Cuba apenas sobrevive. La diferencia económica es el combustible de un éxodo constante que, en los últimos 15 años, ha visto salir a más de un centenar de figuras, muchas de ellas en el punto más alto de su rendimiento.

El gobierno, consciente de las críticas, ha implementado pequeños aumentos en los últimos años, pero estos resultan insuficientes frente al costo de vida y la competencia internacional. El modelo se mantiene estancado, exigiendo a sus jugadores dedicación absoluta y entrenamientos exigentes, pero recompensándolos con salarios simbólicos. El resultado son estadios cada vez más vacíos, plantillas envejecidas y una cantera que pierde talentos antes de que alcancen su máximo potencial. Mientras esta realidad no cambie, el béisbol cubano seguirá viendo cómo sus mejores peloteros se marchan, y el ajuste salarial quedará como un gesto mínimo ante un problema estructural mucho más profundo.