Pese a ser hoy uno de los mejores voleibolistas del mundo, el cubano Robertlandy Simón no olvida sus orígenes. En una reciente entrevista concedida al medio TVP Sport, el estelar central volvió a tocar un tema que pocos deportistas se atreven a visibilizar: las duras condiciones de entrenamiento que vivió en Cuba durante su etapa formativa.
Simón, quien regresó al equipo nacional en 2019 tras años de carrera en ligas extranjeras, habló sin filtros de las carencias estructurales que marcaron su formación, en un sistema deportivo que a menudo es presentado como potencia, pero que en muchos casos sobrevive gracias al esfuerzo individual y la improvisación
“Los primeros años fueron difíciles porque no teníamos balones para entrenar. A menudo, solo practicábamos movimiento, sin siquiera red. El terreno se inundaba con frecuencia… Entrenar todos los días era imposible.”
La declaración sorprende, no solo por lo crudo del relato, sino porque proviene de uno de los íconos del voleibol mundial. Su testimonio evidencia que el talento cubano no siempre florece por el sistema, sino a pesar de él.
Simón recuerda haber entrenado sobre cemento durante años, hasta que hallaron una solución rudimentaria: esparcir sobre el suelo una especie de arcilla roja o polvo de ladrillo, que al menos protegía un poco las articulaciones. Aun así, los recursos eran mínimos y la mayoría de las sesiones terminaban siendo puro trabajo físico.
“En aquel entonces no teníamos pelotas, pero de vez en cuando alguien nos daba dos o tres para jugar. Practicábamos con ellas constantemente.”
La preparación técnica era limitada, y eso —según cuenta— tuvo consecuencias:
“La mayoría de nuestros rivales europeos son muy avanzados técnicamente. Nosotros, al no tener condiciones, desarrollamos más el físico. Teníamos que encontrar cómo compensar la falta de recursos.”
Estas deficiencias, que Simón y sus compañeros vivieron de primera mano, aún persisten en muchas áreas del deporte cubano, donde la infraestructura no está al nivel del talento que se intenta formar.
Aunque Simón no apunta directamente a ninguna figura, su testimonio resuena como un llamado de atención: no basta con el orgullo patrio o el talento natural. Si Cuba quiere seguir compitiendo al máximo nivel, necesita una transformación profunda en su estructura de formación deportiva.
Y mientras tanto, historias como la suya son un recordatorio de lo lejos que puede llegar un atleta… incluso cuando empieza sin red, sin pelotas, y casi sin esperanza.