⚾🇨🇺 Polémica por pasaporte cubano sacude al equipo Cuba rumbo al Clásico Mundial 2026
La más reciente controversia relacionada con el equipo Cuba de béisbol ha desatado un intenso debate en torno a la transparencia institucional, el control político sobre el deporte y el papel de la prensa oficialista en la isla.
El epicentro del conflicto surgió el pasado 16 de julio, cuando el medio independiente Pelota Cubana reveló que la Federación Cubana de Béisbol habría ordenado a sus peloteros radicados en el exterior iniciar trámites para obtener o renovar su pasaporte cubano como requisito indispensable para integrar la preselección rumbo al Clásico Mundial de Béisbol 2026.
🛂 ¿Requisito legítimo o herramienta de control?
La medida fue presentada como una exigencia obligatoria, no opcional, lo que provocó reacciones divididas tanto dentro como fuera de Cuba. Lejos de calmar las aguas, el periodista oficialista Pavel Otero aumentó la polémica al asegurar —citando supuestas fuentes oficiales— que este requerimiento respondía a “exigencias del Comité Organizador del Clásico Mundial”.
Sin embargo, esta afirmación fue rápidamente desmentida por expertos y documentos oficiales del evento: el reglamento del Clásico Mundial no exige pasaporte del país representado. Basta con que el jugador tenga vínculos familiares directos con el país —como un padre o madre nativo— para ser elegible.
👉 En otras selecciones como México, Italia, Israel o Estados Unidos, es común ver a peloteros que representan naciones sin haber nacido ni vivido en ellas, gracias a estas reglas de elegibilidad flexibles.
🎯 Un movimiento con fines extradeportivos
La exigencia del pasaporte parece responder más a una estrategia de control político que a un verdadero criterio deportivo. Al requerir este documento, la federación se asegura de que los peloteros cubanos en el extranjero deban someterse, aunque sea parcialmente, a la jurisdicción del Estado cubano, lo que podría abrir la puerta a presiones adicionales, restricciones de movimiento o chantajes administrativos.
Este tipo de medidas refuerzan el modelo ideológico que aún domina en Cuba, donde el deporte sigue siendo visto como una extensión del aparato político, más que como un ámbito de competencia libre y meritocrática.
📢 El rol cómplice de la prensa oficialista
El caso también pone en evidencia la falta de ética periodística de medios oficialistas y figuras como Pavel Otero, que replican sin verificación las versiones oficiales, contribuyendo a la desinformación sistemática que impide un debate transparente y justo sobre la realidad del deporte en Cuba.
Al no cuestionar lo que dicen las autoridades y presentar sus afirmaciones como verdad absoluta, estos comunicadores terminan siendo parte de una narrativa que silencia voces críticas y distorsiona el panorama deportivo cubano ante el mundo.
🧩 Conclusión
Este episodio no es un hecho aislado. Es parte de un patrón más amplio donde la Federación Cubana de Béisbol actúa bajo una lógica de control y manipulación, disfrazando restricciones políticas como supuestas exigencias internacionales.
A las puertas del Clásico Mundial 2026, en lugar de apostar por la inclusión del talento cubano sin importar su lugar de residencia, las autoridades insisten en imponer barreras que limitan la competitividad y socavan la legitimidad del equipo nacional.
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