POLEMICA TOTAL !! Lázaro Vargas emite comentario sobre beisbol cuba que incomoda a la federacion

Durante décadas, Lázaro Vargas fue una figura emblemática del béisbol cubano. Ícono de los Industriales de La Habana, doble campeón olímpico y eterno número 20 de la capital, su leyenda se forjó tanto con el guante como con el carácter. Hoy, ya retirado, el antesalista ha vuelto a los titulares, no por jugadas memorables, sino por una reflexión profunda sobre el carácter competitivo del béisbol que marcó su era.

En una reciente aparición en el programa digital “El Show de Swing Completo”, Vargas compartió espacio con el también cubano Guillermo Heredia, actual jugador en la liga surcoreana KBO. Allí, surgió una pregunta que desató recuerdos, anécdotas y opiniones sobre una palabra que marcó época en los diamantes cubanos: guapería.

“No era guapería. Era respeto.”

Cuando Heredia preguntó por qué el béisbol de antaño en Cuba estaba tan marcado por actitudes desafiantes, Vargas fue tajante:

“No creo que fuera guapería; lo que había era respeto por la pelota.”

Su respuesta no solo pretendía desmontar la idea de la agresividad como una pose, sino reivindicar una cultura del juego marcada por la entrega, el compromiso y una identidad competitiva construida en la adversidad.

“Jugábamos con más arraigo, echábamos más pa’ lante. No era por querer formar problemas, pero a veces tenías que darte a respetar”, añadió el exjugador, recordando que su físico no era intimidante, pero que “había que poner orden en el terreno”.

El respeto se ganaba en el terreno… y a veces a gritos

Para quienes lo vieron jugar, no son ajenos los momentos de tensión en los que Vargas alzaba la voz. Uno de los más recordados fue su acalorada discusión con el desaparecido receptor pinareño Juan Castro, en un encuentro entre Pinar del Río e Industriales. No fue un hecho aislado: aquellos partidos eran verdaderas batallas de honor y talento, con rivalidades que aún hoy despiertan nostalgia en la afición.

“La rivalidad entre Industriales y Santiago de Cuba era el alma de la pelota nacional. Parecía que se paralizaba el país. Yo no volví a jugar en estadios tan llenos, ya fuera en La Habana o en Santiago.”

El béisbol cubano vivió en las décadas de 1980 y 1990 lo que muchos consideran su época dorada. Más allá del talento y las hazañas deportivas, esa etapa estuvo marcada por una pasión desbordante, tanto en los jugadores como en los fanáticos. Pero también por una entrega que, según Vargas, ha ido desapareciendo con los años.

El sacrificio detrás del uniforme

En su testimonio, Vargas también dejó entrever el contraste entre el glamour con que a veces se reviste el pasado y la cruda realidad del atleta cubano. Rememoró los viajes interminables en ómnibus de confort limitado, la falta de una dieta adecuada, los dormitorios incómodos, el calor agobiante que obligaba a dormir en las gradas de los estadios, y los enjambres de mosquitos que hacían del descanso un lujo.

“Todo eso lo vivíamos. Y aun así salíamos a jugar con todo. A eso me refiero cuando hablo de respeto por la pelota.”

Entre la nostalgia y la crítica

Las palabras de Lázaro Vargas, aunque en tono sereno, encierran una crítica soterrada al presente del béisbol cubano. En una era donde muchos peloteros emigran en busca de un futuro profesional, y donde la liga nacional ha perdido protagonismo y pasión, su mensaje parece querer rescatar una ética de juego que no solo hablaba de técnica, sino de alma.

En medio de una crisis de identidad en el deporte nacional por excelencia, la voz de Vargas es un recordatorio de que el béisbol cubano fue grande no solo por sus títulos, sino por una forma de entender el juego que trascendía el terreno.