El béisbol cubano y el deporte latinoamericano están de luto tras conocerse el fallecimiento del legendario lanzador Diego Seguí, quien murió este miércoles 25 de junio de 2025 a los 87 años de edad. Nacido el 18 de agosto de 1937 en Holguín, Cuba, Seguí fue una de las figuras más completas y versátiles del pitcheo caribeño, con una carrera que abarcó múltiples ligas y países, dejando un legado que merece mayor reconocimiento.
Apodado “The Ancient Mariner”, Diego Seguí dejó una huella imborrable en Venezuela, donde lanzó durante quince temporadas, logrando cifras históricas. Fue el máximo ponchador de todos los tiempos en la Liga Venezolana de Béisbol Profesional (LVBP) con 919 abanicados, y el segundo lanzador con más victorias (95). Representó a los Leones del Caracas en tres Series del Caribe, ganando cuatro encuentros con una impresionante efectividad de 1.88, y marcando récords que aún se mantienen vigentes.
Además de su paso por Venezuela, Seguí también lanzó en Cuba, Nicaragua, Puerto Rico, México —donde logró un juego perfecto— y, por supuesto, en Estados Unidos, donde brilló en las Grandes Ligas durante 15 temporadas. En MLB, tuvo 639 apariciones desde la lomita, de las cuales 171 fueron como abridor. Finalizó con marca de 92 victorias y 111 derrotas, efectividad de 3.81, 71 juegos salvados, y promedios de 8.2 hits permitidos y 6.5 ponches por cada nueve entradas lanzadas.
Uno de los momentos cumbre de su carrera en MLB ocurrió en 1970 con los Oakland Athletics, cuando lideró la Liga Americana en efectividad con 2.56. Ese año terminó con récord de 10-10 en 47 juegos, incluyendo 19 aperturas. Lanzó un total de 162 innings, permitiendo solo 130 imparables y propinando 95 ponches. En 1971, participó en la Serie de Campeonato de la Liga Americana con Oakland y, en 1975, apareció como relevista con los Boston Red Sox en la Serie Mundial ante los Cincinnati Reds, donde lanzó una entrada perfecta.
Diego Seguí también fue el único pelotero en vestir los uniformes de los dos equipos que han existido en Seattle: los Pilots en 1969 y los Mariners en 1977. Tras su retiro, se mantuvo vinculado al béisbol como entrenador de pitcheo en ligas menores con las organizaciones de los Giants, demostrando que su pasión por el deporte no conocía límites.
Un detalle curioso de su vida fue que, aunque lanzaba con el brazo derecho, era zurdo para todas las demás actividades cotidianas, incluyendo la escritura y la comida. Incluso podía lanzar con la izquierda si era necesario. Aprendió su famoso lanzamiento de tenedor —que ejecutaba con una técnica casi exclusiva— en una granja cubana, de la mano de un pitcher semi profesional zurdo.
Pese a su notable trayectoria, Seguí ha sido considerado uno de los lanzadores cubanos más subvalorados de la historia. Forma parte de dos Salones de la Fama y, en noviembre pasado, recibió el Premio a la Trayectoria en el Béisbol de las Ligas Negras. Su legado merece ser recordado y celebrado por la afición cubana y por todos los que aman el béisbol. La muerte de Diego Seguí representa la pérdida de una leyenda, pero su historia seguirá inspirando a futuras generaciones.