César Prieto volvió a colocarse en el centro de una tormenta mediática tras declarar abiertamente que no tiene ningún interés en volver a vestir el uniforme del equipo Cuba, incluso si no existieran restricciones por parte de la Comisión Nacional del Deporte. La afirmación del talentoso pelotero cienfueguero, hoy vinculado a la organización de los St. Louis Cardinals, desató una avalancha de reacciones en redes sociales, dividiendo a fanáticos y seguidores del béisbol cubano entre aplausos y duras críticas.
El comentario que encendió la polémica fue replicado por el medio deportivo Swing Completo, que citó las declaraciones ofrecidas por Prieto al sitio Pelota Cubana. Desde el primer minuto, la publicación recibió cientos de interacciones y más de 700 comentarios, muchos de ellos muy polarizados. En uno de los extremos, se agruparon quienes ven en Prieto a un “traidor” por haber abandonado el equipo Cuba en el Preolímpico de Florida 2021; en el otro, quienes respaldan sin titubeos su decisión, señalando que el deportista no le debe nada a una estructura que lo excluye por motivos políticos.
Críticas como las de Jorge Luis Téllez Pérez, quien escribió “Ese es un com*pin**, desertor, sin valor, dignidad y compromiso con los suyos. Es un apátrida, por eso actúa así”, dejaron clara la hostilidad de algunos sectores de la afición cubana. Otros, como Ernesto Montana, lo minimizaron como jugador: “No lo necesitamos ni lo hemos invitado y que no se crea cosas, que de triple A y doble A no sale, así que no es tan bárbaro como se pinta”.
Este tipo de comentarios reflejan no solo un rechazo hacia la figura del pelotero, sino también una postura oficialista, en la que aún pesa la narrativa del “abandono” como delito moral. En esa línea, Julio Quintero Quintero recordó: “César desertó incluso sin llegar a jugar, abandonó el equipo sin entrar al hotel. El reglamento dice que no puede jugar con Cuba”. Estas voces consideran su salida como una falta de ética deportiva que no puede ni debe perdonarse.
Sin embargo, no todos opinaron en ese tono. Una parte considerable de la afición defendió a Prieto con firmeza, argumentando que el jugador actuó con valentía al buscar un mejor futuro. Comentarios como el de RHC Qva apuntaron directamente contra las estructuras del béisbol cubano: “El día que todos los peloteros cubanos que llaman a jugar con el equipo de Cuba se llenen de cojos y digan que no van ninguno, ese día todos los que están comentando miea de que si abandonó el equipo, que si indisciplina, van a saber lo mie**a que es la pelota de Cuba, que no tiene ningún tipo de nivel”.
Otros, como Roberto Escobar, lo enmarcaron en un contexto político más amplio: “El desgobierno humilló a todo aquel que se fue. Todo en Cuba la ‘robolución’ lo convirtió en política y no escapan de esto los peloteros. Bien hecho”.
Lo cierto es que César Prieto ha marcado una postura clara que, como él mismo lo expresa, no cambiaría aunque se levantaran las prohibiciones actuales. Su caso es apenas uno más de una generación de jugadores que, tras buscar su destino fuera de Cuba, enfrentan no solo barreras burocráticas, sino también un juicio constante por parte de una parte del público que aún ve la deserción como traición. En el medio de este huracán mediático, Prieto continúa su carrera con paso firme, más enfocado en llegar a las Grandes Ligas que en alimentar polémicas.