BOMBA! Germán Mesa manager por lazos con el Régimen cubano

La reciente designación de Germán Mesa como manager del equipo Cuba de béisbol ha desatado una fuerte oleada de críticas que no solo apuntan a sus capacidades deportivas, sino especialmente a su cercanía con el régimen cubano. La elección, confirmada oficialmente el 19 de junio, ha sido catalogada por muchos como una decisión política disfrazada de mérito deportivo, dejando una vez más en evidencia que en el deporte cubano actual, la fidelidad al poder pesa más que los resultados o el consenso popular.

Germán Mesa, aunque reconocido por su brillante pasado como jugador, ha sido durante años un rostro vinculado estrechamente a los intereses oficiales del gobierno. En un contexto donde el béisbol cubano sufre una profunda crisis institucional y moral, su designación simboliza para muchos la continuidad de un modelo autoritario que premia la obediencia por encima del talento y la capacidad de liderazgo. De hecho, varios aficionados y expertos coinciden en que su nombre era el menos popular entre los posibles candidatos, donde resaltaban figuras como Alfonso Urquiola y Noelvis González, mucho más respaldados por su historial reciente y el cariño del público.

El vínculo político de Germán Mesa con la cúpula gobernante no es nuevo. Ha sido partícipe activo en campañas y actos oficiales, y ha mantenido una postura crítica o distante frente a atletas que decidieron abandonar el país. Esto último es especialmente delicado, pues muchos peloteros del sistema MLB esperaban conocer quién estaría al frente del equipo nacional antes de tomar una decisión sobre su posible incorporación al conjunto que participará en el VI Clásico Mundial de Béisbol. La presencia de Mesa no solo no ayuda, sino que podría agravar las diferencias entre la Federación Cubana y los jugadores que desde el exterior aún conservaban la esperanza de vestir la camiseta nacional.

Más que un director técnico, Germán Mesa parece ser la pieza ideal para que el régimen proyecte una imagen de control absoluto sobre el deporte. Su nombramiento envía un mensaje claro: solo quienes se alinean con los dictados del sistema tienen espacio dentro de las estructuras de poder deportivo en la isla. Esto no solo desmotiva a atletas dentro y fuera del país, sino que ahonda aún más la fractura entre la afición y las autoridades deportivas.

Tampoco se puede ignorar que la designación se da en un contexto de total secretismo. Ni el cuerpo técnico ni los lineamientos del proyecto rumbo a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 fueron presentados con claridad. La opacidad y la falta de transparencia, sumadas a la decisión ya cuestionada, refuerzan la percepción de que el nombramiento fue más político que deportivo.

La figura de Germán Mesa, lejos de unir, divide. Representa para muchos un símbolo de marginación, de censura y de obediencia política. Su llegada al frente del equipo Cuba no augura renovación ni esperanza, sino una prolongación del control ideológico sobre el deporte nacional. Y lo peor es que el mayor perjudicado, una vez más, será el béisbol cubano y sus seguidores, que siguen viendo cómo las decisiones importantes se toman a espaldas del pueblo y con fines ajenos al verdadero espíritu deportivo.