La designación de Germán Mesa como nuevo manager del equipo Cuba de béisbol finalmente se hizo oficial este 19 de junio, poniendo fin a semanas de especulaciones y rumores que circularon en el ámbito deportivo de la Isla. La Federación Cubana de Béisbol y Sóftbol (FCBS), a través de su jefe técnico Humberto Guevara, dio el anuncio en una conferencia de prensa celebrada en el Estadio Latinoamericano, en La Habana, confirmando así lo que muchos ya anticipaban: que Mesa sería el elegido para liderar a la selección nacional en el VI Clásico Mundial de Béisbol y en los compromisos internacionales del ciclo olímpico hasta 2028.
La noticia no sorprendió a gran parte del público, que desde hace días vaticinaba esta decisión. Germán Mesa, exjugador emblemático y actual funcionario dentro de la estructura metodológica del béisbol cubano, era considerado por muchos como el favorito del oficialismo para ocupar el puesto. Su afinidad con las líneas políticas e ideológicas del sistema deportivo cubano, y su fidelidad a las instituciones nacionales, fueron elementos clave en su elección, por encima de otros nombres como Noelvis González, Alfonso Urquiola o Michel Enríquez.
Mesa cuenta con experiencia en ligas profesionales, particularmente en Nicaragua, y ha ocupado funciones de peso dentro de la Comisión Nacional. Su ascenso ha sido paulatino, pero constante, hasta llegar ahora a la cúspide del mando en el béisbol nacional. Esta decisión refleja también el estilo hermético de la FCBS, que nuevamente manejó el proceso de selección con un nivel de secretismo que dejó a la afición y a muchos especialistas fuera del debate real sobre el perfil que necesita el béisbol cubano en esta nueva etapa.
La llegada de Germán Mesa no está exenta de polémica ni de interrogantes. Uno de los aspectos más discutidos es su limitada capacidad para establecer vínculos con peloteros que militan en sistemas profesionales, especialmente en la Major League Baseball (MLB). Numerosos jugadores cubanos que brillan fuera del país han manifestado desconfianza hacia figuras que, como Mesa, han estado históricamente alineadas con la narrativa oficialista que los ha tildado de traidores por abandonar delegaciones o firmar contratos independientes. Este antecedente podría complicar la incorporación de talentos de primer nivel al equipo Cuba, un aspecto esencial si se quiere tener un rendimiento competitivo en un evento de la magnitud del Clásico Mundial.
El reto para Germán Mesa será, por tanto, doble: deberá conformar un equipo capaz de competir con dignidad en la arena internacional y, al mismo tiempo, manejar una presión mediática y deportiva que no será menor. El béisbol cubano atraviesa una etapa crítica, marcada por resultados discretos, la fuga de talentos y una desconexión evidente entre las decisiones administrativas y los intereses de la afición.
El tiempo dirá si la apuesta por Germán Mesa dará los frutos deseados o si, por el contrario, profundizará la brecha entre la selección nacional y sus principales activos en el exterior. Lo cierto es que la decisión ya está tomada, y el nuevo timonel del equipo Cuba tiene ahora la responsabilidad de devolverle al béisbol cubano parte del prestigio perdido en la última década.