EQUIPO CUBA LLEGA AL CLASICO MUNDIAL CON EN PEOR EQUIPO ?

A pocas semanas del inicio del Clásico Mundial de Béisbol 2026, Cuba llega golpeada por una ola de ausencias que cambia por completo el panorama del equipo. La noticia sacudió a la afición desde el primer momento: la selección nacional empieza a definirse más por los nombres que no estarán que por los que finalmente vestirán el uniforme. Y el impacto no es menor, porque varias de esas bajas apuntaban a ser piezas clave en un torneo donde el margen de error es mínimo.

Hasta ahora, al menos siete peloteros que estaban en los planes iniciales han confirmado que no participarán. Entre ellos figuran los lanzadores Yunior Tur, Daysbel Hernández, Lázaro Estrada, Jorge Marcheco y Rafael Sánchez, además de los jugadores de posición Andy Ibáñez y Andy Pagés. Se trata de un grupo con experiencia profesional, profundidad y roles bien definidos que ahora dejan huecos difíciles de cubrir en una selección ya limitada por el contexto.

El patrón detrás de estas ausencias es claro. Todos han optado por priorizar el entrenamiento de primavera y su preparación con organizaciones de Grandes Ligas. En un calendario cada vez más exigente, la lógica profesional terminó imponiéndose. El Clásico Mundial, disputado justo antes de la temporada regular, vuelve a colocar a Cuba en una posición especialmente vulnerable frente a selecciones que logran integrar a sus figuras sin fricciones.

El golpe más visible es el de Andy Pagés. Consolidado en las Mayores, estaba llamado a ser uno de los ejes ofensivos del lineup. Su ausencia no solo resta poder y defensa de alto nivel en los jardines, sino que reduce notablemente el techo competitivo del equipo. En un torneo corto, donde un solo swing puede decidir un juego, perder a un bate de ese calibre pesa como una losa.

La situación se agrava en el pitcheo. La salida de cinco lanzadores previstos deja al cuerpo de lanzadores con menos margen de maniobra, justo en el área donde históricamente Cuba ha sufrido ante rivales con profundidad y velocidad constante. En el Clásico, donde el bullpen se usa de manera intensiva y las aperturas suelen ser breves, la falta de brazos confiables puede marcar la diferencia entre avanzar o despedirse temprano.

Más allá del terreno, también hay un impacto simbólico. La ausencia de jugadores que en algún momento mostraron disposición debilita el mensaje de unidad que se ha intentado construir en los últimos años. No se trata de juzgar decisiones personales, sino de asumir una realidad colectiva: Cuba compite en desventaja estructural frente a potencias que alinean a sus estrellas sin obstáculos.

Cuba llegará al Clásico 2026 con menos profundidad, menos poder probado y un margen de error cada vez más estrecho. Y la pregunta que ya divide a los aficionados es inevitable: ¿puede este equipo competir de tú a tú sin sus figuras ausentes, o cada baja es una derrota antes de jugarse?