POR ESTA RAZON EL REGIMEN CUBANO ODIA A LOS PELOTEROS EN GRANDES LIGAS – YULI GURRIEL – CHAPMAN ETC

Durante décadas se ha repetido una pregunta incómoda que muchos evitan, pero que cada día gana más fuerza: ¿por qué el régimen cubano ha mostrado tanta hostilidad hacia los peloteros que triunfan en las Grandes Ligas? Basta con mirar la historia reciente para entender que no es un tema deportivo, sino político, ideológico y de control. Desde el primer minuto de lectura queda claro que este no es un debate menor: es una herida abierta entre el poder y sus mejores talentos.

El problema comienza cuando un pelotero cubano decide romper con el sistema deportivo estatal y buscar su futuro en la MLB. Para el régimen, ese paso no es visto como una decisión profesional legítima, sino como una traición. Las Grandes Ligas representan todo lo que el discurso oficial ha condenado durante años: éxito individual, contratos millonarios, libertad de movimiento y exposición mediática sin filtros. Cada cubano que brilla en MLB desmonta la narrativa de que el sistema lo provee todo.

El castigo no siempre es directo, pero sí sistemático. A muchos jugadores se les borró de la historia oficial, se les prohibió mencionar en medios nacionales y se les cerró la puerta a representar a la selección cubana durante años. El mensaje fue claro: triunfar fuera del control del Estado tiene consecuencias. El béisbol, que en Cuba es identidad y orgullo nacional, se convirtió también en un instrumento político.

Otro punto clave es el dinero. Las Grandes Ligas pagan cifras que el sistema cubano jamás podría igualar. Cada contrato multimillonario expone la precariedad salarial dentro del país y deja en evidencia que el talento cubano vale mucho más fuera que dentro del modelo impuesto. Eso incomoda, molesta y rompe el discurso de igualdad que se intenta sostener.

Además, el impacto simbólico es enorme. Peloteros cubanos convertidos en estrellas globales demuestran que el éxito no depende del control estatal, sino del talento y la libertad. Por eso, durante años, se intentó desacreditar, silenciar o minimizar sus logros, incluso cuando llenaban estadios y ganaban premios al más alto nivel.

En los últimos tiempos ha habido intentos de maquillar esa relación, pero la desconfianza sigue intacta. Muchos aficionados sienten que el daño ya está hecho y que el rechazo fue más ideológico que deportivo. El béisbol cubano perdió estrellas, credibilidad y conexión con su diáspora.

La pregunta que divide a los fanáticos y enciende los comentarios es directa y polémica: ¿el régimen cubano perdió el control del béisbol cuando sus mejores jugadores demostraron que sin el sistema también podían ser leyendas mundiales?