El boxeo cubano vuelve a estar en el centro de la polémica, esta vez no por medallas ni triunfos históricos, sino por una denuncia que ha sacudido los cimientos del equipo nacional femenino. Una veterana del deporte, pionera en abrirle camino a las mujeres dentro del boxeo en la isla, decidió romper el silencio y exponer una realidad que, según sus palabras, se vive lejos de los focos y los discursos oficiales.
Sus declaraciones describen un panorama alarmante dentro de la selección nacional femenina, donde la falta de recursos, el abandono institucional y la ausencia de control habrían creado un entorno extremadamente vulnerable para las atletas jóvenes. La exboxeadora aseguró que muchas de estas muchachas viven en condiciones tan precarias que se ven obligadas a buscar formas desesperadas de sobrevivir, incluyendo situaciones que nada tienen que ver con el deporte ni con la formación de campeonas.
La denuncia va más allá de lo económico. Se habla de consumo y venta de alcohol dentro del propio entorno del equipo, de indisciplina generalizada y de una pérdida total de valores que, según la denunciante, jamás habría permitido si hubiese tenido poder de decisión. Sus palabras apuntan directamente a una estructura que no protege a las atletas y que, en lugar de guiarlas, las expone a riesgos físicos, emocionales y morales.
Uno de los puntos más sensibles de su testimonio es la acusación de conductas impropias por parte de figuras de autoridad, lo que transforma el problema en algo aún más grave. No se trata solo de carencias materiales, sino de una supuesta degradación del entorno deportivo que debería ser un espacio seguro, educativo y formador. En ese contexto, la entrenadora afirmó que el control, la disciplina y la implicación de las familias serían claves para evitar que estas situaciones continúen repitiéndose.
Resulta especialmente impactante que estas denuncias surjan justo cuando el boxeo femenino apenas comienza a consolidarse oficialmente en Cuba, después de décadas de prohibiciones y retrasos. Para muchos, este debía ser el momento de proteger, cuidar y potenciar a las nuevas generaciones, no de exponerlas a un sistema que parece improvisado y sin respaldo real.
La trayectoria de quien hace la denuncia le da un peso adicional a sus palabras. No es una figura improvisada ni ajena al deporte, sino alguien que luchó durante años contra prejuicios, límites y barreras para abrirse camino y que hoy observa con preocupación cómo las jóvenes repiten una historia de sacrificio, pero sin protección.
La pregunta que deja este tema y que divide opiniones es inevitable y polémica: ¿debe el boxeo cubano rendir cuentas públicamente y hacer cambios profundos, o estas denuncias terminarán, como tantas otras, perdiéndose en el silencio?