La situación de las visas ha marcado buena parte del debate alrededor del equipo Cuba rumbo al Clásico Mundial de Béisbol 2026, pero dentro de ese panorama complejo también existe una realidad clara: hay peloteros cubanos que sí cuentan con visa estadounidense y que, salvo cambios de última hora, están en condiciones reales de representar a la isla en el torneo. Estos jugadores, en su mayoría, desarrollan sus carreras fuera de Cuba y forman parte del béisbol organizado, lo que facilita los trámites migratorios y evita los obstáculos diplomáticos que han afectado a otros atletas.
Entre los nombres que más suenan aparecen jugadores con experiencia en Grandes Ligas y en sistemas profesionales, hombres que ya han viajado múltiples veces a Estados Unidos sin inconvenientes. Peloteros como Yoán Moncada, Andy Pagés, Andy Ibáñez y Yariel Rodríguez representan ese núcleo que puede aportar talento probado y, al mismo tiempo, estabilidad logística al equipo. No se trata solo de calidad deportiva, sino de disponibilidad real, un factor que hoy pesa tanto como el rendimiento en el terreno.
La Federación Cubana de Béisbol ha dejado claro que el objetivo es evitar improvisaciones y garantizar que los convocados puedan estar desde el primer día de competencia. Por eso, la preselección apunta con fuerza a jugadores que ya tienen su estatus migratorio resuelto. En este grupo también se incluyen lanzadores jóvenes que militan en organizaciones de MLB y veteranos con recorrido internacional, lo que abre la puerta a un roster más balanceado y competitivo.
Este escenario contrasta con lo ocurrido en otros deportes y con algunos peloteros que residen en la isla, quienes enfrentan mayores restricciones para obtener visas. La diferencia principal radica en el tipo de visado, los antecedentes migratorios y el contexto político actual, mucho más rígido que en ediciones pasadas del Clásico. Aun así, la presencia de estos cubanos con visa mantiene viva la esperanza de ver a un equipo Cuba más cercano al alto nivel competitivo que exige el torneo.
Al final, el debate no solo pasa por quién puede jugar, sino por quién realmente estará disponible cuando suene la voz de “play ball”. Cuba necesita talento, pero también certezas, y estos peloteros representan ambas cosas en un momento clave para la credibilidad del proyecto.
¿Crees que el equipo Cuba debería construirse únicamente con jugadores que tengan la visa asegurada, aunque eso deje fuera a talentos importantes que juegan en la isla?