La conformación del cuerpo técnico del equipo Cuba rumbo al VI Clásico Mundial de Béisbol sigue generando comentarios y expectativas, y uno de los nombres que más atención ha despertado es el de Frank Camilo Morejón. El habanero, recordado por muchos por su etapa como receptor de Industriales, vuelve a vincularse con la selección nacional, aunque ahora desde un rol completamente distinto, lejos del terreno de juego y enfocado en la preparación técnica.
La noticia marca un punto relevante dentro de un proceso que ha estado rodeado de silencios, debates y opiniones encontradas. Frank Camilo asumirá la responsabilidad de trabajar directamente con los receptores del equipo Cuba, un área considerada sensible y decisiva en torneos de alto nivel. La defensa, el manejo del pitcheo y la lectura del juego desde la receptoría pueden marcar la diferencia en partidos cerrados, y ahí es donde su experiencia cobra un valor especial.
Aunque en Cuba muchos no llegaron a apreciar su faceta como entrenador, fuera de la isla su crecimiento profesional fue evidente. En Italia, específicamente con el club Parma Clima, Morejón se consolidó como parte de un cuerpo técnico exitoso, acumulando resultados sólidos y reconocimiento por su capacidad de trabajo. Esa etapa internacional es la que hoy respalda su inclusión en el Team Asere, más allá de las percepciones locales.
Su regreso al entorno del equipo Cuba también revive recuerdos de un pasado complejo. Frank Camilo Morejón vivió una salida polémica del béisbol cubano, marcada por desacuerdos con las autoridades deportivas, quienes lo marginaron de los eventos nacionales alegando problemas de salud. El propio jugador defendió en reiteradas ocasiones que estaba en condiciones de seguir compitiendo, pero las puertas no se reabrieron. Con el tiempo, transformó esa frustración en una oportunidad para reinventarse como preparador.
Ahora, su hoja de servicios suma un nuevo capítulo al integrarse al Clásico Mundial, un escenario de máxima exigencia donde cada detalle cuenta. Su misión será potenciar a los catchers disponibles, optimizar su rendimiento y aportar desde el conocimiento acumulado durante años de carrera dentro y fuera del terreno.
Más allá del impacto técnico, su presencia también envía un mensaje simbólico: el equipo Cuba comienza a abrir espacio a figuras que hicieron su camino lejos del sistema tradicional, apostando por la experiencia internacional como valor añadido. El reto es grande y las expectativas son altas.
La polémica queda sobre la mesa y divide opiniones: ¿es justo que entrenadores con mayor experiencia fuera de Cuba tengan hoy más oportunidades que aquellos que nunca salieron del sistema nacional, o es precisamente ese roce internacional lo que necesita urgentemente el equipo Cuba?