El béisbol cubano vuelve a colocarse en el centro del debate de cara al próximo Clásico Mundial y a la temporada MLB 2026, con varios nombres históricos generando opiniones divididas entre fanáticos y especialistas. Alexei Ramírez, Yuli Gurriel, José Dariel Abreu y Aroldis Chapman representan distintas etapas, estilos y realidades, pero todos comparten una pregunta clave: ¿todavía tienen espacio real en el más alto nivel competitivo?
El caso de Alexei Ramírez genera una discusión intensa. El exshortstop de Grandes Ligas, con una carrera respetable y experiencia en eventos internacionales, sigue activo y ha expresado en varias ocasiones su disposición de representar a Cuba. Desde el punto de vista defensivo y de liderazgo, Ramírez podría aportar orden y veteranía a un equipo que suele sufrir errores mentales en torneos cortos. Sin embargo, su edad y el tiempo alejado del máximo nivel plantean dudas sobre si su aporte justificaría quitarle espacio a jugadores más jóvenes que vienen empujando fuerte. La interrogante no es solo si cabe, sino si Cuba está dispuesta a priorizar experiencia por encima de proyección.
Yuli Gurriel enfrenta una realidad distinta, pero igual de compleja. Tras una carrera brillante en MLB, con títulos, anillos y temporadas memorables, su rol ha ido disminuyendo progresivamente. Para la próxima temporada, su futuro pasa más por convertirse en un jugador de rol, mentor de clubhouse o pieza de profundidad, que por ser titular indiscutible. Yuli aún puede aportar con el bate en momentos puntuales y con su inteligencia de juego, pero el tiempo no perdona. La gran incógnita es si algún equipo apostará por su experiencia para reforzar un roster competitivo o si deberá aceptar un contrato menor, o incluso contemplar el retiro.
Más delicada es la situación de José Dariel Abreu. El “Pito” vivió uno de los descensos más bruscos que se recuerden en una estrella reciente. De MVP y referencia ofensiva pasó a convertirse en una incógnita constante, con problemas evidentes de timing, velocidad de bate y consistencia. Aunque su legado en MLB está asegurado, la pregunta ya no es si puede volver a ser el de antes, sino si tiene sentido prolongar una carrera cuando el cuerpo y los resultados no acompañan. Abreu enfrenta una decisión profundamente personal: insistir en una última oportunidad o cerrar el ciclo con dignidad antes de que el juego lo empuje definitivamente fuera.
En contraste, Aroldis Chapman parece desafiar el paso del tiempo de una forma casi antinatural. A pesar de su irregularidad en control, su recta sigue siendo una de las más temidas del béisbol. En Boston, el debate está servido: ¿es Chapman el cerrador titular para 2026 o solo una opción más dentro del bullpen? Su experiencia en momentos de alta presión y su historial como apagafuegos juegan a su favor, pero también pesan los boletos, los innings complicados y la necesidad de manejarlo con cuidado. Todo dependerá de su consistencia y de cómo el cuerpo técnico decida estructurar el relevo.
Estos cuatro nombres reflejan un mismo dilema: la delgada línea entre la experiencia y el relevo generacional. Cuba necesita competir ya, no solo construir a futuro, y MLB es un negocio que exige resultados inmediatos. Apostar por veteranos puede traer estabilidad, pero también frenar el desarrollo de nuevas figuras. Ignorarlos, en cambio, puede significar perder liderazgo y carácter en momentos clave.
La discusión está abierta y no tiene una sola respuesta correcta. Todo dependerá del contexto, del rol que cada uno esté dispuesto a aceptar y de la visión que tengan tanto los equipos MLB como la selección cubana. La pregunta polémica para cerrar el debate es inevitable: ¿debe el béisbol cubano y las franquicias de MLB seguir apostando por sus veteranos históricos por respeto y experiencia, o es momento de cerrar definitivamente esa era y darle el control total a una nueva generación, aunque duela?